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lunes, 6 de junio de 2011

ESCLAVITUD FASHION SEGUN DEMOCRACIA Y CRONICA

GENERAL | Investigación exclusiva06.06.2011 Esclavitud con glamour Imprimir
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2 comentariosOtros tres vestidos "negros".Según una investigación de “Democracia” en conjunto con la ong La Alameda, con quienes se realizaron las cámaras ocultas, Benito Fernández, Laurencio Adot y Jorge Ibáñez tercerizan la confección total de las prendas en los humildes talleres de las hermanas paraguayas Lucía y Juana Núñez, ubicados en Avellaneda.
Por Mercedes Ninci
Los tres modistos más glamorosos, chauvinistas y mediáticos de la Argentina tienen algo más en común. Los tres mandan a hacer sus lujosos vestidos a dos talleres clandestinos de la provincia de Buenos Aires, donde las condiciones laborales de las costureras se asemejan más a la época de la esclavitud que a los cuentos de hadas holiwoodenses que tratan de transmitir en cada una de “sus creaciones”.
“Ellos mandan los géneros y el dibujo y el vestido ya va terminado a la ‘maison’ de cada uno de ellos”, comenta una de las costureras.
El problema no sería que las mismas manos cosan los vestidos de los tres modistos que supuestamente compiten, sino que a las costureras se les paga desde 6 pesos la hora y pueden trabajar de las 6 de la mañana a las 22.30, noches sin descanso en épocas fuertes de desfiles “a beneficio”, presentación de colecciones, eventos y el Martín Fierro.
COSTURERAS POBRES, VESTIDOS CAROS
Mediodía del viernes 20 de junio. Un hombre pobre con un niño pasa en un carro vendiendo maples de huevos por la calle Pitágoras al 1700 de Avellaneda. Nunca imaginarán que allí, en una humilde casa apenas revocada, sin pintar pero con importantes rejas, se están haciendo los mejores vestidos que lucirá nuestra farándula de cabotaje en los Premios Martín Fierro. Una costurera dominicana, una peruana muy talentosa, otra paraguaya y una mujer embarazada entre otras, cosen a toda prisa, pero con un talento inigualable, los trajes que se usarán dos días después para los premios mayores de la radio y la televisión. Entre instalaciones eléctricas ilegales, máquinas que funcionan a media marcha y una mala iluminación, terminan los vestidos con los que Laurencio Adot, Benito Fernández y Jorge Ibáñez se lucirán en los Martín Fierro y en todos los programas de chimentos, noticieros y fundamentalmente en las revistas Caras, Hola y Gente. Lucía Núñez es la dueña del taller. Dicen que es una mujer excepcionalmente virtuosa para coser. Uno puede confundirse para llegar: hay tres casas con el mismo número, Pitágoras 1790, característica típica de los talleres clandestinos. El barrio es humilde pero de fácil acceso desde Capital Federal. Desde las ventanas del salón de costura se ven a cien metros los galpones del Museo Ferroviario, contenedores abandonados y una montaña de pailets. Al frente una pequeña plaza. En la esquina, la Asociación Civil Nueva Esperanza, y una cuadra más adelante el predio donde entrenan las inferiores de Racing. La zona, nada más lejos del glamour. La hermana de Lucía, Juana, también cose para los tres diseñadores y tiene otro taller clandestino cercano al Camino General Belgrano. En medio de tanto trabajo, Lucía es obsesiva con las etiquetas originales, las cuenta una y otra vez, tiene miedo de que vayan a alguna bolsa de basura y las descubra la DGI, temor que le transmitieron una y otra vez los mediáticos diseñadores. Además, sospecha que una de las costureras que echó hizo la denuncia en la Afip.
En el salón que alquila Pía hay siete máquinas de coser (tres con cables pelados), juguetes de una niña de un año y medio, bolsas de retazos, una pequeña mesa de corte y seis maniquíes sobre los cuales talentosísimas costureras realizaron los vestidos más comentados en los últimos años. Entre ellos el de Jessica Parker en “Sex and the City”, del diseñador Benito Fernández, y los modelos con los que la princesa de Holanda Máxima Zorreguieta brilla en las fiestas de la nobleza europea. Y otros con menos estirpe pero no por ello menos famosos, como los de Susana Giménez y Florencia de la V.
“Para el Martín Fierro, no alcanzaba el lugar para todos los vestidos que cosimos”, señala una costurera. “Recuerdo que hicimos el de Nicole Newman para el diseñador Jorge Ibáñez, los de Julieta Prandi y Selva Alemán para Laurencio Adot y varios le mandamos a Benito Fernández, entre ellos el de Laura Novoa”.
“La ganancia es escandalosa”, dice Gustavo Vera de la ong La Alameda. “El vestido de Nicole Newman se vendió a 25 mil pesos (y dicen que es uno de los más baratos), a la dueña del taller le pagaron dos mil pesos, y al costurero, al que le llevó dos días hacer el vestido, 96 en total”, grafica con una claridad elocuente.
SEX AND THE CITY
En noviembre de 2009, la actriz de la exitosa serie norteamericana “Sex and the City” Jessica Parker y la vestuarista del ciclo, Patricia Field, quedaron deslumbradas con las creaciones en telares, gasas y brocatos que Benito Fernández había mostrado en los desfiles de Chicago y Nueva York. Inmediatamente encargaron al diseñador argentino varios modelos para la segunda parte del filme que se estaba rodando en Estados Unidos. En ese momento el modisto recorrió todos los medios de comunicación nacionales e internacionales para contar que había tocado Hollywood con las manos, o el cielo, como se quiera decir. Lo que olvidó señalar después es que esos vestidos fueron confeccionados en el taller clandestino de Lucía Núñez. “¿Qué voy a sentir cuando vea mis diseños en la pantalla grande? ¡Me voy a desmayar!”, dijo cuando se enteró. “¡Las que casi nos desmayamos fuimos nosotras!”, exclamó una de las mujeres del taller, “con el trabajo que nos dio”.
“El vestido de ‘Sex and the City’ no lo hizo él”, confiesa a “Democracia” un costurero boliviano llamado Carlos que trabajó unos días en el lugar. “Se lo hizo gente en condiciones de precariedad, con salarios miserables con los que no se puede subsistir, poco menos que al borde de la esclavitud, y él es quien realmente se lleva todo el logro”.
Benito Fernández estudió cuatro años de abogacía, pero de leyes no sabe nada. En el taller de la calle Pitágoras se trabaja en temporada alta diecisiete horas sin descanso. Catalina, una costurera paraguaya que estuvo cosiendo en el taller la semana pasada, contó: “Nos dijeron que nos tomarían una prueba dos días gratis, y luego que pagarían 6 o 7 pesos la hora”. “La paga es muy poca, con horario irregular, a veces de 6 de la mañana a 10 de la noche. Son unos esclavizadores, unos negreros de primera”, agrega Carlos sin dudar. (ver recuadro)
“Según el Ministerio de Trabajo la hora se paga de 8 a 10 pesos, pero aparte el empleador debe abonar vacaciones, aguinaldo, ART, jubilación y seguro. Los trabajadores de cooperativa, descontando monotributo, ART, etcétera, están cobrando 16,50 pesos”, aclara Gustavo Vera, titular de la ong La Alameda, organización que se dedica a rescatar trabajadores costureros que fueron tomados por empresas textiles como esclavos. “Acá se contrata primero a los costureros en forma gratuita, lo que es absolutamente ilegal; segundo, no hay una jornada horaria, porque después de las ocho horas el valor hora se duplica; tercero, no hay ningún tipo de beneficio social, no hay aguinaldo, jubilación, no hay seguro, comida, nada. En cuarto lugar, no se les pide ni el documento, habida cuenta que algunos compañeros son extranjeros, con lo cual se trata de un taller clandestino. Es un espanto que con la plata que ganan estén esclavizando a los costureros de esta manera.” (ver recuadro)
“En el taller, hay una pieza contigua al salón que tiene muchas telas y ahí hay un perchero para todos los vestidos de Benito Fernández”, agrega Carlos, el costurero boliviano. Otra costurera contó que allí se confeccionó el atractivo vestido de plumas verde petróleo que lució Laura Novoa en los Martín Fierro, que tanto promocionó el diseñador. Este vestido ya está en venta en la maison de Benito, en Arroyo y Suipacha, a 2.500 dólares, y lo ofrecen en varios colores. Eso sí, el diseñador cobra 100 dólares la entrevista de pocos minutos, aunque telefónicamente su secretaria aclara que si se compra el vestido se descuenta del precio.
OTRA VEZ SOPA
Benito Fernández es hoy el preferido de la futura reina de Holanda, Máxima Zorreguieta. Lo que la princesa no sabe es que sus vestidos también se hacen en el taller clandestino de Lucía Núñez en Avellaneda. “Las chicas, aunque se sacrifiquen mucho, están felices porque saben que sus vestidos los van a usar Susana Giménez, Mirtha Legrand, Flor de la V, y hasta la princesa de Holanda, por eso no se quejan”, señala una costurera que prefiere mantener el anonimato.
“Nada me extraña”, dice Gustavo Vera, titular de La Alameda. “Vos recordás el taller que habíamos descubierto en la calle Tilcara, que cosía prendas para Graciela Naum, entre las cuales estaban las de la princesa Máxima; otra vez nos volvemos a encontrar un taller clandestino que también está involucrado en la confección de prendas para la realeza. Y bueno, creo que evidentemente esta gente no aprende más”, sentencia.
PRINCIPE DISEÑADOR
A Jorge Ibáñez lo llaman el Príncipe Diseñador. Nació en Lomas de Zamora, estudió en un colegio privado y a los 21 años su familia lo ayudó a poner una espléndida maison en Guido 1770 de la Recoleta. Tuvo la suerte hace casi dos décadas de que Mirtha Legrand pasara por el lugar y le gustaran los vestidos que tenía en la vidriera. A partir de allí saltó a la fama. Susana Giménez, Graciela Borges, Ingrid Grudke y las mujeres más espléndidas del país mueren por usar sus vestidos. Es el más carismático de los tres, aunque a veces no dice la verdad. Cuando Chiche Gelblung le preguntó en el exitoso programa que tuvo en el Canal 26 por qué en general los hombres son mejores diseñando que las mujeres, contestó: “Porque una mujer diseñadora en el fondo es como que compite con la mujer para la que está trabajando, en cambio el hombre la quiere ver espléndida y nada más”. Nada más alejado de la realidad. El vestido de strapless de tafeta de seda natural blanca con flores en terciopelo rojo que hizo que Nicole Neuman luciera como una princesa europea en la entrega de los Martín Fierro, fue realizado por las modistas del taller clandestino de la calle Pitágoras de Avellaneda.
Inspirado en los festejos del Bicentenario, Jorge Ibáñez presentó en junio del año pasado un fastuoso desfile en honor a Eva Perón. La colección, en la que no faltaron las modelos desfilando al ritmo de “No llores por mí, Argentina”, también habría sido hecha por trabajadoras textiles semiesclavas, lo que seguramente no le hubiera gustado nada a Evita, por más que el show haya terminado con Ingrid Grudke imitándola en un traje entallado años 40.
DOBLE MORAL
El lunes 30 de mayo el diseñador Laurencio Adot conmovió en la Universidad Di Tella cuando participaba de la entrega de 35 sillas de ruedas gratuitas a niños y adultos de escasos recursos con discapacidad. Como toda obra de caridad, siempre es bienvenida, pero llama la atención que un hombre de tanta generosidad con el prójimo mande a hacer sus diseños también en el taller clandestino de Lucía Núñez en Avellaneda. “Los vestidos de seda verde, negro, plata y oro con los que se lució en el Buenos Aires Alta Moda, se hicieron acá”, comenta una costurera. “También el famoso vestido de tafeta de seda natural verde esmeralda con corte en la cintura que usó Julieta Prandi en los Martín Fierro. En realidad hicimos varios”, agrega. “También el de gasa color obispo de Selva Alemán y otros más que no recuerdo”. “Entregar 35 sillas de ruedas como hizo Laurencio Adot en ningún caso cubre todo lo que les han robado a los costureros en estos años fabricando en ese taller clandestino”, asevera Gustavo Vera, titular de La Alameda.
¿Y cuánto pagaban los diseñadores cada vestido a la dueña del taller? “Por cada vestido creo que eran 2.000 pesos”, comentó una costurera sin dar mayores detalles. Una suma bajísima si se confirma que las prendas lucidas en los Martín Fierro rondan algunas los 25.000 pesos. Para la clientela común, porque para las actrices son de canje.
La doble moral que caracteriza a estos diseñadores tuvo su máxima expresión con Laurencio Adot. En una nota en la revista Gente criticó a la conductora de los Martín Fierro por haber elegido a un diseñador foráneo para comenzar la ceremonia. “Natalia Oreiro debería haber comenzado con un diseño nacional y no luciendo un Oscar de la Renta”, sentenció como para mostrar su defensa de la industria nacional y el trabajo local. “Si estuviera tan preocupado por las costureras y por el progreso del país, tendría que tenerlas trabajando en blanco y no en condiciones paupérrimas”, comentó un integrante del gremio de costureros.

“SON UNA ASOCIACION ILICITA” (Entrevista a Gustavo Vera, titular de la ong La Alameda)
-¿Te sorprende lo que ocurre con estos diseñadores?
-No me sorprende, porque cuando el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) llamó a todas las marcas de ropa para que se auditaran como libres de trabajo esclavo, ellos, como casi todas las firmas, no se dejaron auditar, con lo cual prefirieron seguir viviendo bajo sospecha. En este caso hay una doble impunidad, porque los talleres están en provincia de Buenos Aires, donde el nivel de inspecciones es mucho menor que en Capital. Aquí gracias al trabajo de La Alameda y la Defensoría del Pueblo después del incendio del taller de Luis Viale, en Caballito, donde murieron seis personas, la gente tomó conciencia y empezó a denunciar los talleres ilegales.
-¿Hay peligro en la instalación del taller de la calle Pitágoras?
-No tienen la instalación flotante que exige la norma vigente para la electricidad, los cables están todos pelados, hay peligro de cortocircuito como hubo en Luis Viale y es un espanto que con las fortunas que ganan esten esclavizando a los costureros de esta manera, en forma tan abusiva, pero esto muestra la doble moral que hay en la industria de la indumentaria.
-¿Qué les dirías a Máxima Zorreguieta, a las divas y a las actrices argentinas?
-Les diría que compren prendas libres de trabajo esclavo, que pregunten quiénes son los proveedores y en qué condiciones trabajan, porque es una vergüenza que los artistas que pagan fortunas por estas prendas ignoren que esto está hecho en condiciones calamitosas. Acá los artistas no tienen responsabilidad, los que tienen responsabilidad son los diseñadores.
-¿Cómo calificarías a los tres diseñadores?
-Para mí son una asociación ilícita, claramente están asociados a través de la clandestinidad, eludiendo a la Afip, a la Anses, al Ministerio de Trabajo, a la Ley de Migraciones. Violando la normativa vigente con conocimiento, porque no hay intermediarios. Es una relación “téte a téte” que tienen con la dueña del taller, la misma que aparece en el video, por lo que son perfectamente conscientes de que están basando su producción en trabajo esclavo con talleres clandestinos.

DENUNCIA EN TRIBUNALES
El abogado de la ong La Alameda y vicepresidente de la Defensoría del Pueblo, Mario Ganora, anticipó a “Democracia” que hoy a las 10 de la mañana denunciará en los tribunales federales de Comodoro Py a los diseñadores Benito Fernández, Laurencio Adot y Jorge Ibáñez por “violación a la Ley de migraciones, violación a la Ley de trabajo a domicilio y además solicitaré que se investigue la posible situación de reducción a la servidumbre”.
“La ley de trabajo a domicilio establece taxativamente la responsabilidad laboral y penal del fabricante con respecto a los lugares a los que manda a confeccionar sus prendas, por lo tanto los tres diseñadores, Benito Fernández, Laurencio Adot y Jorge Ibáñez, son responsables y partícipes de lo que pasa en el taller de Pitágoras, donde no se cumple con las normas vigentes”, explicó el abogado.
La denuncia está en el marco de la causa del juez federal Julián Ercolini, donde se investiga a 103 marcas de ropa que utilizan el trabajo esclavo para la confección de sus prendas.
La Alameda, en tanto, solicitará al Inti que haga la pericia de las etiquetas encontradas en el taller y las de las prendas de las tres maisones de los diseñadores, para verificar que son efectivamente originales.

“TENIA MIEDO”
“Las máquinas son muy viejitas, con los cables pelados, rotos, no tienen ni para cargar bobina. Tenía miedo de electrocutarme”, cuenta con rostro de pánico Catalina, la costurera paraguaya que la semana pasada trabajó en el taller de Pitágoras 1790. “Los cables se enchufan en zapatillas, nos podíamos electrocutar; había una nena de un año y medio caminando, se podía electrocutar también. Encima hay estufas eléctricas en el mismo lugar donde se hace la ropa”.

“QUE MAXIMA ZORREGUIETA LOS DENUNCIE
Con mucha bronca, Carlos, un costurero boliviano que pasó la semana pasada por el taller de Avellaneda, afirma: “Estos tipos tienen glamour, salen en la tele, sus prendas salen caras, pero en realidad a quienes las cosen les pagan una miseria, te hacen esclavo”. “A la señora Núñez, Jorge Ibáñez, Laurencio Adot y Benito Fernández le llevan la tela y una hoja del diseño; la señora del taller tiene experiencia y sabe qué tiene que hacer. Dan la imagen pública de que el vestido lo hacen ellos, carísimos, en dólares, y es mentira: se lo dejan a la señora que tiene un taller pequeño, que es modista, que se las arregla como puede. Total, todo el glamour y la fama se la llevan estos tipos, cuando son unos esclavizadores de primera, negreros de primera”, agrega el costurero.
“Cuando yo estuve haciendo la prueba, no mencionaban los nombres, pero hablaban en clave, algo que sólo ellos identificaban. Yo hice dos corsés y vi las etiquetas de Laurencio Adot, prendas terminadas y en proceso de Benito Fernández y de Jorge Ibáñez”. “Entregó seis vestidos de fiesta para Jorge Ibáñez y uno para Natalia (no aclara el apellido)”, afirma Caty, la costurera que concurrió con Carlos.
“Yo le diría a Máxima Zorreguieta, al igual que a los artistas, que hagan una condena social para estos diseñadores. Que se pregunten de dónde viene tal diseño y tal vestido”, concluyó el trabajador boliviano, indignado con la situación.
ESCRACHE
Los trabajadores costureros de La Alameda realizarán un escrache hoy a las 12.30 en La Maison de Benito Fernández, en la esquina de Arroyo y Suipacha. Posteriormente marcharán a la lujosa casa de modas del diseñador Jorge Ibáñez en Guido al 1700, y de allí a lo de Laurencio Adot en Rodríguez Peña al 1000.

BY CRONICA

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