Sanguinetti reiteró necesidad de segunda Universidad pública
09.10.2011 | 12.15
El ex presidente insistió con su idea de una segunda Universidad pública, que tendría su centro en Salto. Sanguinetti dijo que el Partido Colorado ha postulado esta idea y cree que ya está "configurado el núcleo esencial para ello".
"Nos parece que aquí hay un muy fuerte embrión para ello y esperemos que así se entienda” declaró al Telégrafo de Paysandú.
El dos veces presidente disertó en el ciclo llamado “A 200 años del proceso de Emancipación, el Uruguay hacia el 2050”, organizado por la Regional Norte de la Universidad de la República.
Allí repasó los detalles de la historia de la Banda Oriental, Uruguay y su idea de cómo podrá ser el país en el mediano plazo
De estas conferencias ya participaron los ex presidentes Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle y el jueves 20 estará el ex mandatario Tabaré Vázquez.
En CQC de Brasil suspenden a uno de los conductores
Gavazzo publicó documentos sobre PC y Castillo respondió
Puro carácter carbonero para darlo vuelta y asegurar la punta
Maradona pidió disculpas
Resultados parciales, complemento de la fecha y posiciones
EL ESPECTADOR
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EMPRESARIO ARGENTINO DUEÑO DEL TREN BINACIONAL PRESENTÓ LA IDEA AL DIRECTORIO DE AFE
Proponen tren metropolitano
con frecuencia cada 20 minutos
El empresario argentino Claudio Cirigliano, director de Trenes de Buenos Aires, quiere desembarcar en Uruguay para operar las líneas del servicio metropolitano de pasajeros que actualmente presta AFE. El Ministerio de Transporte y Obras Públicas, en tanto, encomendó al ente el estudio del estado de las vías hacia el este.
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La llegada de la empresa Trenes de Buenos Aires (Cometrans S.A.) con el tren binacional entre Pilar y Paso de los Toros -a todas luces deficitario, como consecuencia de su casi nula demanda- comienza a mostrar la segunda etapa.
Es que el empresario argentino Claudio Cirigliano puso al tanto a las autoridades uruguayas de su interés por llegar a la zona metropolitana para operar los servicios que actualmente están a cargo del ente ferroviario en el sector de pasajeros a través de sus dos ramales principales.
Se trata de la línea hacia “25 de Agosto” -que conecta a la salida noroeste de la capital con las localidades de Las Piedras, Progreso, Santa Lucía, Canelones y Florida, más el empalme a San José, y la línea “Sudriers”, que une Montevideo con la región noroeste de Toledo y Pando, pero que se ensambla con eventuales nuevos destinos hacia el este y las cercanías de la Costa de Oro.
En las reuniones mantenidas con el presidente y vicepresidente de AFE, Alejandro Orellano y Juan Silveira la pasada semana en Buenos Aires, el empresario Argentino dijo que está en condiciones de operar los destinos metropolitanos de ambas líneas con una frecuencia cada 20 minutos, aseguraron a Ultimas Noticias fuentes del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (Mtop).
En la actualidad, AFE brinda el servicio con 5 salidas diarias desde la Estación Central hacia el norte, entre las 8.30 y las 19.55. Tres de ellas concluyen el recorrido en la localidad de 25 de Agosto, una desvía hacia San José y la restante prosigue hasta Florida. También opera el servicio a la inversa, con una primera salida a las 4.20 de la mañana, formación que cubre el trayecto en algo menos de 2 horas.
Las frecuencias se reducen a cuatro los sábados, mientras que los domingos corre una sola.
En la línea que culmina en la estación Sudriers, tres frecuencias diarias parten desde Central hacia Sayago, Peñarol, Manga, Toledo y Pando; se reducen a dos los fines de semana, al tiempo que no se cumplen los domingos. El recorrido demanda algo más de una hora.
En tanto, el titular del Mtop, Enrique Pintado, dijo que es interés del gobierno estudiar la viabilidad para una eventual nueva línea hacia Estación Floresta, servicio que no se presta actualmente en el sector de pasajeros, al igual que su continuación hacia la región este.
Fuentes de AFE dijeron que por instrucción del ministro Pintado, el organismo analizará el estado de las vías para estudiar una posible puesta en funcionamiento de dicho corredor. Pintado dijo también que el Mtop envió el proyecto de decreto por el cual se crea la figura jurídica mediante la cual pasará a operar el sistema ferroviario en el futuro. La propuesta establece que el 50% de las acciones de la nueva empresa pertenecerán a AFE, mientras la mitad restante estará a cargo de la Corporación Ferroviaria, organismo cuyas acciones serán propiedad de la estatal Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), pero operando bajo el derecho privado.
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MUESTRA PICTÓRICA DE LOS GRANDES MAESTROS URUGUAYOS DE TODOS LOS TIEMPOS
Acervo nacional se expone
en el Palacio Legislativo
Con obras pictóricas del acervo nacional instaladas en módulos en el Salón de los Pasos Perdidos, se inauguró la exposición de la Pinacoteca del Poder Legislativo. La muestra contó con las presencias del vicepresidente de la República y presidente de la Asamblea General, Danilo Astori; la subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura, María Simon, y el director del Museo Nacional de Artes Visuales, Enrique Aguerre.
Por Marianela Beceiro
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Hasta el viernes 25 de noviembre estará abierta para todo público, la exposición de la Pinacoteca del Poder Legislativo, de lunes a viernes, entre las 11 y 18 horas. Se trata de la segunda muestra de un total de tres, que expone el acervo cultural nacional. La primera, como explicó Enrique Aguerre, director del Museo Nacional de Artes Visuales, es la colección que atesora el Banco Central del Uruguay con los Premios Figari desde los años 1995 a 2010; la segunda es la inaugurada ayer, que reúne parte del acervo del Poder Legislativo que preserva los trabajos de grandes maestros. La tercera será el premio de pintura del Bicentenario, que se inaugurará el 3 de noviembre.
“Entendemos que poder mirar la rica historia de artes plásticas y visuales de nuestro país luego del Premio Figari, contemplaría parte de la producción de los últimos 50 años: modernidad. Y luego, para lo más nuevo y contemporáneo está pensado el premio de pintura para el centenario del Museo (Nacional de Artes Visuales) que se cumplirá el 10 de diciembre”.
Por su parte, la subsecretaria del MEC, María Simon, indicó que se conmemora el pasado para vivir el presente y proyectar el futuro con tres exposiciones. Señaló la del Bicentenario por su rol histórico del principio del proceso de autodeterminación y del centenario que cumplirá el museo, recordando que el de Historia Natural y el Histórico Nacional también celebrarán sus centenarios.
Destacó los arcos ubicados en ambos extremos del salón, realizados por el italiano Giovanni Buffa. Son mosaicos venecianos que representan a un lado, las musas de Las Ciencias y al otro, las de Las Artes. “La temática alegórica se usaba mucho en otros tiempos y esto no es casualidad. No existe una sociedad creativa e innovadora sin identidad cultural como el arte y el ejercicio de la cultura”, dijo, e hizo hincapié en que “queremos llevar esta exposición a nuevos espacios que no necesariamente tienen que ser museos, sino buenos emplazamientos. Creo que estamos dando un paso adelante y vamos a dar otros para que lo patrimonial tenga alguna visibilidad para disfrutar todos del acervo”, finalizó diciendo.
En su alocución, el vicepresidente Danilo Astori, enfatizó acerca del placer de compartir la inauguración de la muestra pictórica con la que Poder Legislativo y en particular el Palacio Legislativo, contribuye en el proceso del Bicentenario. “El año 1811 es muy importante en la historia de nuestra patria y está muy bien que hayamos elegido ese año como el de gestación del nacimiento del proceso de emancipación. Fue un año militarmente importante, sin duda, y eso no lo podemos desconocer”, dijo, refiriéndose a que en esa instancia se creó el ejército nacional. “Pero sobre todo un año políticamente importante, en el que surge con una fuerza imponente e irreversible el liderazgo de nuestra máxima figura histórica: José Artigas”.
Astori resaltó el espléndido Salón de los Pasos Perdidos que inmortalizó a su creador, Cayetano Moretti. Allí se exponen 39 obras -sin indicar los años en que fueron pintadas- de algunos de los grandes maestros nacionales como Juan Manuel Blanes, Pedro Figari, Rafael Barradas, Pedro Blanes Viale, Carmelo de Arzadún, José Cúneo, entre otros. “Aquí tenemos una selección muy importante de la que habremos de disfrutar colectivamente durante el transcurso de esta muestra”, como testimonio del altísimo nivel cultural que alcanzó la sociedad de nuestros mayores.
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Alicia Otero y José María Olivero ganan el concurso del Bicentenario
Tesón. Una pareja de historiadores conquistó el premio ensayo de "El País"
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CARLOS REYES
Este martes en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck tendrá lugar la entrega del premio del concurso "1811 + 200", que, organizado por El País, convocó a reflexionar sobre el Bicentenario. Alicia Otero y José María Olivero son los ganadores.
Alicia Otero Mera y José María Olivero Orecchia es un matrimonio que además conforma un equipo de trabajo en el área de la historia nacional. Ambos son licenciados en Historia, y desde hace una década trabajan, juntos o separados, en la reflexión sobre la historia del Uruguay. Este concurso, cuyo premio va acompañado de la suma de ocho mil dólares, les permitió organizar una serie de trabajos que habían realizado sobre el artiguismo y la proyección histórica de Artigas, y articularlos en un único gran texto.
El pasado 12 de septiembre, el jurado constituido por Carlos Maggi, José Rilla y Ana Ribeiro, decidió otorgar el premio a Otero y Olivero (que se habían presentado con el seudónimo Purificación de Antigones), por el trabajo El Artigas esquivo: una nación en busca de un héroe.
En la fundamentación, los tres destacados historiadores señalaron que el trabajo en cuestión "cumple cabalmente con el sentido de la convocatoria, por su carácter ensayístico, abarcador del desafío de interpretar los hechos históricos de 1811 a la luz de los 200 años transcurridos".
El trío de historiadores agrega que el ensayo "está escrito de manera clara y en base a una variedad de fuentes de información, además de incursionar en aspectos novedosos, haciendo un abordaje historiográfico de la iconografía sobre Artigas".
Según explicó Otero a El País, siempre le interesó todo lo relacionado con la iconografía artiguista, en particular cómo se fue formando la imagen del Jefe de los Orientales y las etapas por las que transitó hasta el presente, incluyendo la película La redota, que también entra en el análisis.
Desde la leyenda negra hasta el símbolo del oficialismo, el matrimonio de historiadores fue analizando los múltiples rostros y significados del Protector de los Pueblos Libres, buscando plasmar los hitos de un constante devenir.
Según explica la historiadora, el trabajo fue escrito a cuatro manos, utilizando un código de colores para sugerir posibles cambios. "El matrimonio es una constante negociación", bromea Otero, agregando que esa misma máxima fue utilizada para componer el ensayo ganador.
La investigadora asegura que este concurso fue un "empujón" para concretar un trabajo de largo aliento. Por su parte, Olivero señala que a la sorpresa de enterarse que han ganado el premio, se suma la expectativa ante su publicación. A partir de allí, la obra saldrá al ruedo, para entrar en el largo y fecundo debate sobre el artiguismo y sus proyecciones. El premio, afirma la pareja, es un estímulo a seguir investigando.
Olivero puntualiza que el ensayo abarca tres siglos, y pasa por una amplia gama de temas que incluye hasta los personajes que están vinculados a Artigas y cómo estos fueron ganando o perdiendo protagonismo según el momento histórico. El historiador explica que mucha de la información que hay sobre Artigas es parcializada (tanto a favor como en contra) y eso obligó a manejarse con cautela.
"Artigas fue una figura regional, y Uruguay, al apropiárselo, de alguna manera también lo recortó dentro de su nacionalismo", asegura el historiador, quien explica que muchas veces los documentos consultados pueden tener dos lecturas: la de los hechos en sí, y el cómo se dicen las cosas. Desde esta última perspectiva, la dupla de investigadores buscó tonos, matices y entretelones de un héroe nada sencillo de sintetizar.
El Artigas esquivo es un voluminoso trabajo de más de 300 páginas, que pasa por los tiempos de la Patria Vieja, la Independencia, la Guerra Grande, hasta llegar al Artigas del centenario y sus interpretaciones. Luego avanza hasta la Segunda Guerra y de allí continúa hasta el presente, planteando un final abierto. El ensayo cierra con un análisis de la iconografía que tiene entre sus temas el monumento de la Pza. Independencia y otras jugosas materias.
Dupla para la historia nacional
La historiadora Alicia Otero es licenciada en Historia y ha trabajado como asesora de diversos museos e institutos, entre ellos el Museo Nacional de Artes Decorativas y el Museo Nacional de Artes Visuales. Entre sus publicaciones se encuentran Campaña militar de 1897, Las inundaciones de 1959, y Las invasiones inglesas. Una mirada moderna a la iconografía tradicional.
Por su parte, José María Olivero Orecchia es también licenciado en Historia y profesor de historia militar y de los conflictos armados.
Entre sus publicaciones destacan El Alto Perú en la geovisión sanmartiniana y Las banderas de la Liga Federal. También ha investigado sobre temas tan diversos como los uniformes de la Patria Vieja, o las fortificaciones españolas en las invasiones inglesas.
Entrega de premio
El martes a las 19 ho-ras en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck (Pza. Cagancha 1164) tendrá lugar la ceremonia de entrega del premio del concurso 1811 + 200. Herencia, vigencia, desafío. Los historiadores Carlos Maggi y Ana Ribeiro, integrantes del jurado, harán uso de la palabra, para difundir los méritos del trabajo ganador, y de la convocatoria del concurso organizado por El País.
El País Digital
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AT-PAY] RED (3305) ARTIGAS EN PAYSANDU- editado por Segunda Mano
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¿Cuando, dónde y porqué? "ARTIGAS EN PAYSANDÚ" ES LA SEXTA EDICIÓN DE LA PUBLICACIÓN "SIGLO DE FOTOS" EN EL AÑO DEL BICENTENARIO.
48 PÁGINAS CON TAPAS A TODO COLOR Y EL SIGUIENTE CONTENIDO. "Paysandú y el Artiguismo" por el Arq. Rubens Stagno, "La Redota y los campamentos en nuestro departamento" por el escritor Javier Ricca y Purificación sede del gobierno artiguista y del Protectorado de los Pueblos Libres" por la Prof. Nelly De Agostini.
En venta en locales Abitab, quiscos, librerías y en su domicilio por el 472 34848.También se pueden solicitar los números anteriores.
Adjunto Tapa que es parte del mural de Day Mán Antúnez
realizado en el año 63 en el ex Banco del Litoral actualmente Motociclo.
…………
a idea es hacer la presentación en la sede del Consulado argentino,(en fecha a determinar) donde a su vez inauguraremos la exposición de los Inmigrantes del Museo de la Villa San Jose. La misma está constituída por 26 banners.Si es posible traeremos un conferencista.
La Directora de Museos y Patrimonio de la Intendencia de Paysandú, Prof. Maria Julia Burgueño, que ha venido participando de las reuniones que hemos hecho, adelantó que el Intendente Bertil Bentos, estará presente en esta jornada y dará total apoyo a esta iniciativa que incluye el Museo Monumento a Perpetuidad. Tambien han participado los Amigos del Museo y Guías del Museo a Perpetuidad.
A su vez estamos haciendo difusión para incluir este recorrido en el circuito comercial, demostrando que Paysandú tiene bienes culturales y otros atractivos para ofrecer al visitante.
Por otro lado informamos que hoy domingo a las 16 hs. (17 hs.ROU) se realiza en la Villa San José a 5km. de Colón, la fiesta de la Colonización, con un Desfile de las colectividades, en torno a la Plaza donde también se ubica el Museo.
RUBENS STAGNO
Coordinador
…………………………
Integrado por tres museos de la región
Presentan inédito circuito
binacional para el turismo
………………,………
Integrado por tres museos de la región
Circuito binacional de turismo histórico
cultural será presentado en Paysandú
Próximamente se realizará en Paysandú el lanzamiento de un circuito binacional de turismo histórico cultural, que integra al Museo Nacional Palacio San José, el Museo Histórico Regional de la Colonia San José --ambos de Entre Ríos-- y el Monumento a Perpetuidad, en Paysandú, que es monumento histórico nacional de nuestro país. Todos ellos están ubicados en un radio de aproximadamente 50 kilómetros en el litoral uruguayo-argentino.
La iniciativa viene siendo instrumentada desde 2010 luego que en marzo de ese año fuera propuesta en una reunión realizada en las instalaciones de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), siendo llevada adelante por los propios gestores de estos espacios y otros actores culturales interesados en concretarla. El circuito fue presentado recientemente en la Colonia San José, que reabrió su Museo Histórico Regional luego de una etapa de refacciones.
El arquitecto Rubens Stagno, responsable de la Red de Patrimonio de Paysandú e impulsor de la idea, adelantó que el circuito cuenta ya con un folleto de difusión, que fue impreso con aportes del Gobierno Provincial de Entre Ríos y el Ministerio de Turismo y Deporte de nuestro país. Bajo el título “Este río que nos une... eslabones de una misma historia”, el folleto presenta fotografías y textos explicativos sobre qué pueden encontrar los visitantes en cada uno de estos tres museos, así como otros detalles, como teléfonos, sitios web y correo electrónico de cada uno. Los responsables de estos tres lugares y demás actores involucrados en la propuesta impulsan nuevas acciones para exponer una oferta cultural que incluya a los museos y expresiones culturales en torno a los mismos y comenzar dar pasos firmes hacia la concreción de una ruta cultural de la micro región Concepción del Uruguay, San José, Colón y Paysandú, como posible vía para el desarrollo cultural y turístico de la zona.
LOS MUSEOS
El Palacio San José es el referente histórico más importante de la Provincia de Entre Ríos. Construido en medio del monte entrerriano, se constituyó en centro político relevante por el quehacer de su morador, el general Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional de la República Argentina.
Ubicado a 30 kilómetros al Oeste de Concepción del Uruguay, el Palacio San José, que es Monumento Histórico Nacional y museo, es testimonio vivo de lo que fue una estancia argentina del siglo XIX, además de centro de poder político, de vida social y familiar. Allí pasó Urquiza los últimos veinte años de su vida junto a su esposa e hijos.
La casa está conformada por 38 habitaciones de la residencia principal estructuradas alrededor de dos patios, tres jardines y amplios parques, con dependencias de servicio y una capilla cuya cúpula fue decorada por Juan Manuel Blanes. En la Colonia San José, fruto de corrientes inmigratorias del siglo XIX provenientes del Cantón de Valais (Suiza), Saboya (Francia) y Piamonte (Italia), está ubicado el Museo Histórico Regional, fundado en 1957 con motivo del centenario de la colonia y con el objetivo de mantener vivo el recuerdo de la inmigración. Los objetos que se exhiben han sido donados en su totalidad por los descendientes y recrean la vida del inmigrante a través del ingreso por un barco, baúles, sonidos ambientales y elementos que permiten al inmigrante rememorar la gesta migratoria. En Paysandú, el Monumento a Perpetuidad es Monumento Histórico Nacional y cuenta con una cantidad importante de obras escultóricas procedentes de Italia, principalemente de Carrara. Considerado un “monumento hecho de monumentos”, es un espacio singular de bellezas arquitectónicas, cuyos comienzos como cementerio se remontan al año 1835 aunque las primeras construcciones funerarias fueron erigidas a partir de 1840, convirtiéndose luego en cementerio público.
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A BANDERA DE ARTIGAS NO FLAMEO EL 23 DE SETIEMBRE
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EL TELEGRAFO HOY
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Artigas: su bandera no flameó
en el aniversario de su muerte
El 23 de setiembre ha tenido para Paysandú una connotación muy especial. El aniversario de la muerte de Artigas, nos ha convocado al recuerdo y al homenaje. El “Encuentro con el Patriarca”, “Paysandú: Capital del Artiguismo”, “Semana del Ideario Artiguista”, han sido expresiones de ese espíritu a través de las distintas administraciones municipales. La actual no ha estado ausente y ha sido consecuente con esa trayectoria.
Sin embargo nos llamó la atención, que este 23 de setiembre, solo en la plaza que lleva su nombre flameó la bandera de Artigas. En ningún edificio público perteneciente al Gobierno Nacional o al Departamental, vimos la bandera de los tres colores.
Si bien no se trata de un feriado nacional, se debería haber tenido en cuenta que estamos celebrando el año del Bi-Centenario, en que el Prócer se adhiere a la Revolución y comienza la gesta que lo llevaría en 1815 a fundar Purificación, nada menos que en nuestro suelo. Tampoco se izaron en el Obelisco, las diferentes banderas artiguistas tal como esta misma Administración la ha hecho en otras oportunidades.
Pero no es lo único. La Plaza Constitución fue engalanada con los colores de la enseña nacional, lo que no está mal si hubiera sido acompañada de los colores azul, rojo y blanco de las banderas artiguistas.
De lo contrario se presta a una confusión en cuanto a la interpretación de nuestra historia, pues la Bandera nacional, se crea por decretos de 1828 y 1830, cuando Artigas ya estaba en Paraguay y su proyecto se había frustrado ante la invasión portuguesa tolerada por el centralismo porteño. El símbolo del Bi-Centenario, al cual deberíamos apelar, logra en su diseño una muy buena síntesis de lo que somos: las franjas blancas y azules se continúan en una cinta que culmina en azules, rojos y blancos.
Recordemos que en el escudo que Artigas creó en Purificación, en ambos flancos aparece la bandera con franja diagonal que hoy conocemos como Bandera de Artigas. Que también la vemos flamear en el territorio de Entre Ríos, adoptada como la bandera oficial de esa provincia hermana que integró aquella Liga Federal, fundada por nuestro héroe.
El color blanco fue “signo de la distinción de nuestra grandeza”, el azul simbolizó “nuestra decisión por la República” y el color rojo “la sangre derramada para sostener nuestra libertad e independencia”. Tal fue el significado simbólico y profundo que el propio Jefe de los Orientales dio a los colores de su elección en 1815, y es lo único que mantenemos hoy de los símbolos de la Patria Vieja.
Este mes de octubre se cumplen 200 años que luego de la primera defensa de Paysandú donde cayeron Francisco Bicudo y la valerosa China María; transcurridos 40 días, la plaza fue recuperada por una división al mando de Baltasar Ojeda, que era uno de los hombres de Artigas. Fue acompañado por 28 Charrúas al mando del caciquillo Manuel Artigas, que según la tesis de Carlos Maggi, era un hijo biológico del Prócer con mujer charrúa. Estos hechos ocurrían en el mismo momento en que se iniciaba el Éxodo del Pueblo Oriental.
Tendremos pues, el próximo mes esa conmemoración, que realizará conjuntamente el Gobierno Nacional con el Departamental, que para los sanduceros tiene esos dos componentes y donde nuestra ciudad y sus espacios públicos tendrán que estar engalanados con los colores que conforman el símbolo del Bi-Centenario que comentamos.
Arq. Rubens Stagno Oberti
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UNA WEB SIN FINES DE LUCRO,DESDE EL SUR-RIO DE LA PLATA.. ARTE y cultura de Uruguay el pais celeste blanco y oro y Argentina reina del Plata VISITAS DE LECTORES DEL PLANETA
CHARRUA( uruguaya ,oriental o yorugua)------------------la primer CHARRUA( uruguaya ,oriental o yorugua) que fue jurado del Metropolitano de Tango y del Jurado Mundial ,por merito propio,ahora seleccionada como "maestra reconocida mundialmente",dara un Seminario de Alta Intensidad en el Mundial.No solo es futbol mundial el Uruguay."Tanguera Ilustre de Buenos Aires" "Condor de Oro de San Luis,Argentina....Quien es? L.L. pasion,voluntad y tecnica.Tecnica,voluntad y pasion.Abriendo caminos para Uruguay,embajadora cultural de este Paisito que es un gran Pais con mayuscula. --
Ver .The one,
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domingo, 9 de octubre de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
DESEMBARCO DE LOS 33 ORIENTALES QUE VUELVEN A SU PATRIA,UN SIMBOLO NUESTRO
RECOMIENDAMOS
ESTE
http://www.tu.tv/videos/navegacion-rio-uruguay-villa-soriano
miércoles, 15 de diciembre de 2010
historia de Uruguay
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Mensajes con este tema (1)
4. José Leandro Andrade, un grande.
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
Miguel Abalos
Me atrevería decir que muchos periodistas deportivos -de esta generación de jóvenes- posiblemente desconozcan algunos detalles de la figura enorme que fue José Leandro Andrade, sin duda uno de los más brillantes de su época.
Jugadores como él nos hicieron conocer en Europa como país independiente, entendiendo que no éramos parte de Argentina o Paraguay.
Nació en Salto, el 1ro. de octubre de 1901. Por su amor al carnaval vino a Montevideo a vivir con una tía en el barrio Palermo. Practicó en Peñarol siendo casi un adolescente y después jugó en la divisional de ascenso de Misiones, donde logró popularidad y simpatías por su juego tan particular que fusionaba quites y amagues de cuerpo, con un toque casi candombero.
José Nasazzi lo invitó a jugar con él en Bella Vista, donde Andrade se desempeñó como entreala derecho -hoy volante armador- armando y dribleando de manera estupenda. Después pasó al puesto de lateral, y también fue brillante.
Jugaba al fútbol y se ganaba la vida vendiendo diarios en la vieja Estación Pocitos, en la ochava de Rivera y Soca, donde hoy está el edificio Banco Comercial.
Andrade era negro como el carbón, alto, de andar elegante, y hablaba con un dejo de arrogancia, como desafiando su humilde cuna.
Previo pasaje del equipo por España -donde se consagró como un futbolista deslumbrante- Andrade se encontró viajando rumbo a Francia, donde jugaría en las Olimpíadas del año 24 para la selección de Uruguay.
España lo descubrió y Francia le dio trascendencia mundial. En Colombes -por su juego fino y elegante- lo apodaron "la maravilla negra". Dicen los periodistas de la época que asombró a todos los que lo vieron jugar. Parecía tener un imán en sus pies para atraer la pelota. Además, era la primera vez que los franceses veían un jugador de fútbol negro.
Su figura fue adquiriendo resonancia en cada partido. Tan exquisita destreza en los pies no era sólo para el deporte, también bailaba el tango… y como pocos. En París cambió su desgastada gorra por un "chambergo" que le hacía sombra a sus renegridos ojos vivaces y atrevidos, y sus privilegiados pies dejaron las alpargatas para vestirse con unas botitas de charol que les daban jerarquía.
Fue la locura de las rubias francesitas, que se lo diputaban como algo extraño y misterioso que puede traer suerte o temor, tal vez un raro sensualismo, y ¿por qué no?, algo de salvaje.
Un día desapareció de la concentración, creando la preocupación de jugadores y dirigentes. Uno de sus compañeros de equipo y amigo, el "Loco" Romano -que sabía dónde encontrarlo- se ofreció para salir en su búsqueda. Tenía una dirección que el mismo José Leandro le había dado.
Cuando llegó al lugar, le pareció insólito que estuviera en uno de esos hermosos apartamentos, pensó que se había equivocado, pero no obstante decidió averiguar. Y su sorpresa fue mayor cuando lo atendió una doncella, que al preguntarle por José Leandro Andrade, muy sonriente contestó: "Oh, oui, monsieur Andrade" y tras de ella apareció José, vistiendo un kimono de seda que le daría envidia al más bacán.
En la habitación había dos hermosas jóvenes vestidas con ropas livianas, y se respiraba el aroma de exquisitos perfumes.
En un par de días se había escapado de ese dulce encierro… que de alguna forma lo asfixiaba. Estaba acostumbrado a respirar libertad, por más seductora y hermosa que fuera la "celda" que le brindaban las francesas.
Regresó a Montevideo como un triunfador, elogiado por la prensa internacional como uno de los mejores jugadores del certamen. Se había convertido en un hombre de la noche, siempre vestido elegantemente, y daban que hablar sus aventuras amorosas en aquel Montevideo de los años 20. También estaba rodeado de los adulones que se arriman a los ganadores. Compañero inseparable de su tamboril, vivía el Carnaval con intensidad y deleite.
Ganó su segunda medalla olímpica y también fue muy destacado por todos los periodistas deportivos del mundo.
En el mundial del año 30 -jugado en Montevideo- nuevamente Andrade mostró una alta y pulida técnica que hizo las delicias de los espectadores. En 1932 -instaurado el profesionalismo en el fútbol- fue campeón uruguayo con Peñarol, joven todavía pero con el físico muy deteriorado por su forma de vida tan apresurada. Ya no era el Andrade para el mejor recuerdo, aunque su figura colosal siguió siendo una evocación, maravillosa mezcla de historias y leyenda. Al final de su carrera futbolística, jugó en Atlanta y Talleres de Argentina, y finalmente en Montevideo Wanderers.
Con el correr del tiempo -como siempre inexorable- Andrade perdió su esplendor y su fama. Sus amigos de la época de triunfos se habían borrado. Volvió al barrio, más pobre que nunca, y tampoco ahí encontró una mano tendida. Ya no tenía más que su orgullo de hombre altivo que se rebela contra la adversidad de este mundo frío, calculador e interesado, donde la gente sólo se arrima al que está en lo alto.
Ni los triunfos ni las derrotas lo conmovieron. Introvertido, vivió para adentro lo bueno y lo malo. Algunos carnavales lo vieron en su agrupación favorita con el tambor cruzado al pecho, los ojos semicerrados en un profundo éxtasis y el oído dormido sobre el canto armonioso y sublime de las lonjas.
Y así, indiferente a todo, se precipitó a un trágico final. En la total indigencia, Andrade fue a parar a un hospital de enfermos pulmonares. Algunos que decían ser amigos intentaron organizar festivales para ayudarlo, pero la idea nunca se llevó a cabo. José Leandro ya no le importaba a nadie.
Lo dramático de esta historia de vida tan original, es que salió de una esquina cualquiera, donde vivía miserablemente, para llegar hasta los más lujosos salones de baile de París. Fue admirado y diputado por hermosas parisinas, como una ráfaga de pasión sensual.
Muchas páginas de la prensa internacional se ocuparon por varios años de elogiar sus enormes virtudes como uno de los futbolistas mejores del mundo.
Y el destino lo devolvió a su lugar de origen más solo y más pobre que antes, yo diría como un poema de arrabal, como la letra de uno de esos tangos que bailó tan bien en su apogeo.
Murió el 3 de octubre de 1954 con cincuenta y tres años recién cumplidos, en la total soledad de un hospital, acompañado únicamente por sus recuerdos en el camino final hacia el mundo del silencio.
Miguel Abalos
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Mensajes con este tema (1)
5. Lindo tiempo aquel, ¡canejo...!
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
Lindo tiempo aquel, ¡canejo...!
por Miguel Abalos
Contaba Dalton Rosas Riolfo ―legendario personaje del Carnaval, el folklore, y primer presidente de la Mutual― que en la huelga de jugadores de 1948, llegó hasta esa casa don Ignacio Parpal, gerente de la Fábrica Nacional de Cerveza.
Expresó que deseaba proponerle a Obdulio Jacinto Varela publicar una foto suya en el almanaque de ese año, con la frase: "Yo tomo cerveza Doble Uruguaya", por lo que le pagaría tres millones de pesos. Cuando llegó Obdulio le contaron...
¡Para qué...! Se puso furioso y le reprochó a todos que no hubieran echado a Parpal a patadas...
Pero decía Dalton que la vida ofrece revanchas, y el destino le permitió hacer una travesura, aprovechando la llegada de tres gentiles damas a la sede de la Mutual. Representaban a la Comisión de Ayuda al Niño del Campo. Iban a pedir ―ya que no había campeonato por el conflicto― , que los jugadores organizaran un partido de fútbol a beneficio de esa obra social.
El momento no era oportuno. Por la larga y dificultosa huelga llevaban cuatro meses sin cobrar. Pero había una posibilidad, y las mandó a hablar con Obdulio. Si ellas conseguían que aceptara la propuesta de la Cervecería, los tres millones ofrecidos serían para los niños campesinos.
Las damas fueron a verlo, le plantearon el problema y la respuesta de Obdulio fue inmediata: "¿Dónde tengo que firmar?". La presidenta ―Sra. Demichelli 8213; intermedió con Ignacio Parpal explicándole que Obdulio aceptaría, si la empresa donaba una cifra más adecuada a las circunstancias: cinco millones de pesos. Ese año, el almanaque de la Cervecería mostró una foto enorme de Obdulio tomando el chopp de la marca y el dinero se volcó íntegro a la obra de beneficencia.
En otra oportunidad, Peñarol había firmado un contrato con una empresa para colocar su nombre en el frente de las camisetas. Obdulio no quiso saber de nada. "Se acabó el tiempo en que a los negritos les ponían una argolla en la nariz" ―dijo& #8213; y no hubo forma de convencerlo. "Ustedes me contrataron para jugar al fútbol; si quieren un hombre para llevar carteles, llamen a Fosforito". Al domingo siguiente, fue el único que salió a la cancha sin la propaganda de aquella empresa en la camiseta.
El gran Obdulio sentía mucho cariño por los chicos. Detrás de ese recio y aguerrido jugador había un hombre muy sensible; sin duda por la humilde niñez que tuvo. Un día llegó a su casa la carta de un niño de los suburbios salteños, que le decía que quería conocerlo. Al poco tiempo, Obdulio viajó a Salto y se presentó en el indigente ranchito con una pelota autografiada. Al entregársela, se emocionó hasta las lágrimas viendo la alegría de aquel chiquilín en medio de tanta pobreza.
Tal vez algunos recuerden al noble y generoso traumatólogo Dr. Caritat y su Obra para los Niños Lisiados. Le pidió ayuda a Obdulio, quien convocó a los jugadores que quisieran colaborar y organizó un partido con la selección de Brasil del 50. Se hizo en 1963 en el estadio Centenario y asistieron más de 40.000 personas, que era la capacidad total de las instalaciones en esa época.
Tanto la recaudación como el espectáculo fueron todo un éxito, que motivó a esos mismos jugadores a realizar más partidos por el interior de la República recaudando fondos para la Obra del Dr. Caritat.
En esa gira ―estando en un restorán― un dirigente quiso invitar a los jugadores con whisky, bebida muy cara para aquellos años. Obdulio aceptó la gentileza en nombre de todos pero aclaró: "Usted paga el whisky, nosotros tomamos café, y volcamos la diferencia para la cruzada del Dr. Caritat".
Era tiempo de jugadores de garra y corazón, que no hicieron plata para ellos pero repartieron mucha con los necesitados. Y en la cancha... nunca pasaron vergüenza.
"Lindo tiempo aquél, ¡canejo! en que todavía me amabas..." canta Gardel... y hoy lo acompañan a coro las camisetas, la pelota y el fútbol todo.
Miguel Abalos
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6. Carnaval del Uruguay
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
Miguel Abalos
Es común que personas que han vivido muchos años, digan que tiempos pasados fueron mejores. Yo creo que –fundamentalmente– en ese pasado éramos jóvenes, y eso hacía que miráramos la vida con más optimismo, más alegría y casi con irresponsabilidad. Por lo tanto, llego a la conclusión que todos los tiempos son lindos, y en especial los de la juventud, porque nuestros mejores recuerdos parten desde esa etapa.
Viví mis primeros Carnavales por la década del 40. Es importante señalar una vez más –aunque sea reiterativo– que el Uruguay y todos los países de la región, vivían una situación económica brillante, consecuencia total y absoluta de la guerra en Europa.
Uruguay era un país de diversión todo el año, pero cuando llegaba el Carnaval era un mes de fiesta contínua. El teatro Solís y el Artigas (estaba en Andes y Colonia, esquina Sureste) dejaban sus espectáculos de teatro para convertirse en hermosas salas de baile.
En el Hotel Casino del Parque Rodó, en el Hotel Carrasco, y en cientos de clubes dispersos por todos los barrios, se bailaba con las mejores orquestas típicas del Río de la Plata. Excelentes conjuntos de Jazz, también llegaban a nuestro país para participar del Carnaval montevideano. Distinto al de Brasil, pero hermoso.
Tuvimos el privilegio de que por muchos años, participara en esta fiesta el famoso y brillante conjunto Los Lecuona Cuban Boys, que por aquel entonces era el mejor en su género a nivel mundial. Esta orquesta espectáculo le daba a nuestro Carnaval un toque distinto de esplendorosa factura musical. Sus coloridas rumbas, Rumba Azul, Rumba Negra... Y de pronto, como si fuera un huracán implacable que irrumpía del trópico, explotaba la conga y era el delirio, la chispa que encendía a la juventud: "La conga de Jaruco viene asomando..."
Y luego el éxtasis, la pegadiza conga que compusieron en homenaje a nuestro país en 1942: Carnaval del Uruguay. Ya nadie se quedaba mirando, todos a bailar, o formar cadenas para cruzar el salón sin dejar títere con cabeza. Y por unos minutos, el olvido del molesto lumbago por parte de los más veteranos.
La alegría estallaba y contagiaba a los más tímidos, valorizada por la rica inspiración de Armando Oréfice –director de los Lecuona– y la excelente voz del Chiquito Alvarado, que era uruguayo y de La Unión. Orquesta y público cantaban las estrofas de Carnaval del Uruguay: "Me voy mi negra con mi alegre conga..." Aquel público se deleitaba bailando a su compàs... y el actual sigue disfrutándolo en las permanentes evocaciones que le dedican los conjuntos carnavaleros de hoy.
El prestigio del Carnaval montevideano en toda América, se asentó en varios pivotes fundamentales: troupes, murgas, parodistas, conjuntos lubolos, y los corsos en los distintos barrios, siempre con los hermosos coloridos de disfraces, papelitos de colores y serpentinas.
Uno de los destaques fue sin duda el tablado, que permitía que la risa y la música alegraran la vida tranquila y monótona de nuestras barriadas. Según cuenta la historia, a fines del siglo XIX, en Dieciocho de Julio y Sierra (hoy Fernández Crespo), se construyó el primero. En el correr de los años, el éxito de la iniciativa tuvo tales proyecciones que en 1930 figuraban inscriptos en la Comisión de Fiestas alrededor de 400 tablados.
En los comienzos se trataba de construcciones modestas: un piso que descansaba sobre una docena de bidones o tanques, una baranda de madera y algunos chirimbolos carnavalescos que lo distinguían como tal. Pero el asunto fue tomando vuelo a medida que los años pasaban. La rivalidad de las barriadas para presentar cada vez un tablado mejor, estimulaba a los vecinos y aquellos primeros tablones de madera se fueron transformando poco a poco en obras de alto valor artístico algunas, y otras en verdaderos aciertos de humor.
Para ese entonces la Comisión de Fiestas decidió establecer premios para incentivar la iniciativa popular. Y fue así como surgió el entusiasmo de la gente de los barrios para colaborar con dinero y trabajo, que la Prensa difundió y elogió.
Se cuenta que a principios del siglo pasado en Garibaldi y Gral. Flores se reunió el vecindario en asamblea y decidió levantar un tablado. Pero se presentó un difícil problema a resolver, porque por allí pasaba una línea de tranvía de caballos; por lo tanto, la empresa de transporte opuso tenaz resistencia.
Los vecinos insistían, pero la empresa no cedía. En esa discusión los días iban pasando y había que construir el tablado antes del comienzo del Carnaval. De pronto, un ingenioso vecino encontró una solución salomónica: construir el tablado tendiendo un puente de vereda a vereda, para que por debajo pudiera pasar el tranvía sin dificultades y sin riesgos. Sin duda fue una idea original y que la gente bautizó con el nombre de "Puente de los Suspiros", que se convirtió en la atracción máxima de aquel Carnaval.
Muchos años después, en otro Carnaval famoso –porque pasó prácticamente bajo agua– en San Fructuoso y Gral. Flores, con mucho trabajo y entusiasmo, los vecinos habían levantado un hermoso tablado que era el orgullo de la zona. El mismo día del comienzo del Carnaval, un terrible temporal azotó la ciudad. Al cuarto día había provocado inundaciones y destrozos. A la mañana del quinto día, cuando cesó un poco el aguacero, la sorpresa de los vecinos no tenía límite: ¡el tablado había desaparecido!
Se resistían a creer que lo hubieran robado, aunque comentaban que la audacia de los ladrones no tenía límite; pero eso de robarse un tablado, ya batía todos los récords conocidos de la delincuencia criolla. Pero pronto todo quedó claro. A cuatro cuadras de su construcción original, en San Fructuoso y San Martín, apareció el tablado con algunos deterioros, pero todavía en condiciones de ser reconstruido. Lo había arrastrado el agua. Un camión lo trajo a su esquina y un pícaro ingenioso le puso un ancla, por si la lluvia seguía.
A principios de los 40', al llegar el Carnaval, recorría los tablados con los gurises de mi barrio, en la zona de Larrañaga y Rivera. Al que más íbamos era al que estaba frente al Puertito del Buceo. En ese lugar había una casa de las que los veteranos de aquellos tiempos llamaban "rancho", que comúnmente eran usadas los fines de semana y en el verano. Los dueños eran Víctor Soliño, Ramón Collazo, Pintín Castellanos y otros. Frente mismo a la casa, para el Carnaval, hacían construir un tablado donde ellos también actuaban.
Ese año tenían como invitado muy especial al gran cómico argentino Pepe Arias, que había llegado a pasar unos días. Él también quiso participar del grupo de comediantes con el solo fin de divertirse. El número principal anunciado por el grupo, era la imitación a Pepe Arias... que nadie podía suponer que estaba a cargo de él mismo. Cuando subió al escenario y comenzó, el público, que era mucho, escuchaba y se reía de cómo representaba los populares monólogos tan a la perfección. Pero los comentarios eran diversos. Los más generosos aceptaban que estaba bastante bien, pero que de ahí al verdadero Pepe Arias, había un abismo. Y otros aceptaban que en algunos pasajes, se le parecía bastante. Aun sin que nadie reconociera en el imitador al personaje original, lo aplaudieron a rabiar.
Hoy, a tantos años de esos hechos nos preguntamos hasta qué límites de lo absurdo puede llegar el afán crítico de los humanos... Y en cuanto al espectador uruguayo de toda expresión artística, siempre tuvimos fama de excesivamente exigentes y para los artistas... fuimos un público temible. Creo que actualmente hemos entrado –en ese sentido y en tantos otros– en la etapa de la aceptación y la tolerancia.. . como si todo el año fuera Carnaval...
Miguel Abalos
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7. El ultimo caudillo
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
A fines del siglo XIX, los ingleses -junto a los ferrocarriles- trajeron el fútbol a estas latitudes. Allá por el barrio Peñarol, los muchachos humildes salían de sus ranchos y miraban con asombro cómo esos rubios y robustos hombres le pegaban a una pelota de cuero, entre gritos y alocadas carreras.
Poco tiempo llevó para que todos los jóvenes uruguayos comprendieran el secreto de ese deporte y en el correr de los años se convirtieran en hábiles dominadores de pelota, aportando además mucha picardía en su manejo. Así asombraron al mundo futbolístico siendo campeones olímpicos en los años 24 y 28. Hasta ese momento Uruguay era un país casi desconocido para muchos, y algunos creían que formaba parte de Argentina.
A raíz de esos triunfos la FIFA eligió a Uruguay como sede para el primer Campeonato Mundial de Fútbol. Una vez más el equipo uruguayo se alzó con la copa, mostrando al mundo que era el mejor y que las Olimpíadas del 24 y 28 no habían sido algo fortuito, sino una supremacía indiscutible.
En los dos Mundiales siguientes, el 34 en Italia y el 38 en Francia, Uruguay no participó -al igual que muchos países de América del Sur- porque Europa estaba convulsionada y era eminente un segunda guerra mundial.
Cinco años después de terminados los conflictos bélicos, Brasil fue nominado por la FIFA como sede para el IV Campeonato. Para tal ocasión los brasileños construyeron el estadio de fútbol más grande del mundo con capacidad para casi 200.000 personas. Los jugadores del 24, el 28 y el 30 -que habían demostrado sus brillantes condiciones acaudillados por el formidable José Nasazzi- ya no estaban en las canchas. Eso se había convertido en un hermoso recuerdo.
La generación del 50 era otra, que debía revalidar aquellos triunfos y consolidar la supremacía de sus predecesores. Para muchos compatriotas parecía casi un imposible, posiblemente lo mismo se creyó cuando cruzaron el Atlántico en barco para las Olimpíadas del 24. Pero una vez más el mundo escuchaba -casi sin poder creer- que once jugadores de fútbol de un país llamado Uruguay volvían a ser campeones del mundo.
El nombre de su capitán y caudillo -junto al de todos sus compañeros de equipo- pasó a ser parte de una hazaña memorable. Para todas las generaciones de amantes al fútbol de este país, el 16 de julio de 1950 ha quedado como una fecha muy difícil de olvidar, por el entorno que tuvo esa victoria.
Hoy quiero intentar un bosquejo de la figura sin duda más gravitante, no sólo como jugador. Quiero hablar del hombre, templado desde muy chico en la adversidad de la vida que le tocó en suerte. El que supo poner sobre una cancha de fútbol su filosofía callejera muy bien aplicada, que fue una enorme ayuda sicológica para todos sus compañeros. Obdulio Jacinto Varela, con casi treinta y tres años a cuestas y un trajinar por las canchas de casi veinte años, fue el pilar fundamental. Sé que no estoy contando nada nuevo, ya que cuatro generaciones de este país han escuchado comentarios sobre su trayectoria futbolística.
Había nacido el 20 de setiembre de 1917 en el barrio La Teja, que siempre fue de gente muy humilde, y en aquellos tiempos mucho más. Perteneciente a una familia pobre y con muchos hijos, fue a la escuela hasta tercer grado y después dejó. Había que salir a la calle a trabajar para ayudar a sus padres y hermanos. Vendió diarios en Paso Molino y después en el Centro, en 18 de Julio y Yaguarón, cuando tenía apenas diez años. Una vez le escuché decir que la calle le enseñó casi todo: lo bueno, lo malo, lo feo y lo lindo… y se podía agarrar para cualquier lado. Se podía elegir el camino fácil y terminar mal, o el camino sacrificado pero más seguro.
En ese entonces la gente era más sana. Los más veteranos le fueron enseñando cosas que mucho le sirvieron para sobrevivir en ese medio.
Comenzó a jugar al fútbol en el Club La Fortaleza, en Nueva Palmira y Juan Paullier. Ya desde adolescente se perfilaba como líder. Le gustaba ordenar a sus compañeros en la cancha y éstos obedecían. Tal vez su gran admiración por el campeón olímpico y mundial Lorenzo Fernández le había acrecentado esa condición.
Después pasó al Dublín, donde jugó poco tiempo, ya que su hermano mayor lo llevó al Pascual Somma. Todos estos equipos integraban las Ligas de Barrio, por lo tanto no estaban afiliadas a la Asociacion Uruguaya de Fútbol, eran totalmente independientes. Eran todos cuadros fuertes y con hábiles jugadores, y muchos equipos de Primera División se nutrían de esos valores.
Las canchas eran muchas en aquellos tiempos. En cada barrio había más de una. Eran abiertas y no tenían alambrados ni vigilancia policial. Las hinchadas estaban al borde del perímetro prontas para entrar si había alguna bronca. Además de saber jugar al fútbol, también había que ser guapo para hacerlo. Obdulio tenia diecisiete años cuando el Deportivo Juventud -éste sí afiliado a la AUF- que tenía su cancha en Jaime Cibils y Martín Fierro, lo llevó a sus filas. Participaba en la Divisional Intermedia, donde se jugaba muy fuerte.
En el año 38, con veinte años de edad, pasó a la Primera División de Wanderers. Comenzaba su carrera como jugador profesional. El precio por su pase fue de doscientos pesos, mucho dinero por la compra de un jugador. Wanderers le dio ciento cincuenta, y así Obdulio cobró su primera "plata grande".
Fue en marzo, era carnaval, estaba acompañado por su tío Luis. Después de recorrer algunos boliches, compararon pollo al espiedo, lechón, pan, masas y varias botellas de refrescos. Tomaron un taxi y llegaron al rancho como a media noche. Su madre y media docena de gurises chicos dormían.
Cuando entraron y encendieron la luz, la madre se despertó sobresaltada. Obdulio y el tío pusieron los paquetes sobre la mesa y comenzaron abrirlos. Con el ruido del papel los hermanos se iban despertando sin entender qué pasaba. La madre nerviosa lo interrogó:
-¿Qué hiciste m'hijo?, ¿de dónde sacaste todas esas cosas?
-No, mamá, no hice nada malo, me fiché para jugar en Wanderers y me dieron mucha plata, es eso.
Se sentó en la cama y empezó a repartir con todos los gurises, que comían contentos todo lo que les daba. Ya cuando amanecía y las primeras luces del día se filtraban por las rendijas de la ventana, se fueron a dormir.
A partir de ahí comienza a gestarse para el ambiente futbolístico la figura de Obdulio, sin que nadie pudiera pensar que en el correr de los años se iba a convertir en un símbolo… y hoy, siglo XXI, casi en una leyenda.
En enero del 39 es citado para jugar en la Selección uruguaya por primera vez, para participar en el Sudamericano que se iba a desarrollar en Perú, hoy llamado Copa América. En el 41 juega nuevamente en el Sudamericano de Chile. En el año 42 el Sudamericano se realiza en Uruguay, que se consagra campeón después de jugar la final con Argentina. Uruguay formó con Aníbal Paz, Romero, Agenor Muniz, Gambeta, Obdulio Varela, Raúl Rodríguez, Luis Ernesto Castro, Severino Varela, Aníbal Ciocca, Roberto Porta y Bibiano Zapiráin. Con gol de Bibiano Zapiráin al muy buen arquero argentino Sebastián Cualco, se consigue el triunfo uruguayo por 1 a 0.
Llega el año 43 y Obdulio pasa a Peñarol. Vistiendo lo colores mirasoles jugó hasta el año 55, cuando se retiró con treinta y siete años de edad después de ganar con su equipo varios campeonatos.
En el año 1950, el país anfitrión para el Campeonato Mundial es Brasil, considerado favorito por todos los participantes. Su Selección se concentra y se prepara seis meses antes del comienzo en un apartado lugar de Brasil, bajo las órdenes del mejor técnico brasileño del momento: Flavio Costa. Uruguay como siempre, con muchos problemas, a un mes del comienzo no sabía aún qué jugadores iban a viajar. Sólo se hicieron algunas prácticas, y dos o tres partidos amistosos. El día de emprender el viaje, algunos se fueron en barco y otros en avión.
Uruguay debuta jugando con Bolivia y gana con total comodidad por 8 a 0. Hay un agónico empate con España con gol de Obdulio de treinta metros. Después, le gana a Suecia por 3 a 2 en el último minuto luego de ir perdiendo por 2 a 1. Así llegamos a la final. Brasil, por el contrario, era una máquina aplanadora, destruyendo a todos sus rivales por goleada.
Llegó la memorable final, donde nadie le otorgaba la más mínima chance a Uruguay. Minutos antes de salir el equipo a la cancha, llegó al vestuario un dirigente y le dijo a los jugadores que no se hicieran problema, que Uruguay ya había cumplido con ser vicecampeón. Que si perdían por menos de cinco goles estaba bien. Obdulio, después de escucharlo, echó al dirigente del vestuario y le pidió a todos los muchachos que se comprometieran con hacer lo imposible por ganar. Para él no cabía otra cosa. Que Brasil era el mejor de todos era bien sabido. Pero se le podía ganar.
Junto a Juan López nuestro director técnico, mucho se había hablado para ese partido. Obdulio había enfrentado en muchas oportunidades a los brasileños en los campeonatos Sudamericanos y también por la copa Río Branco. Los conocía bien. Sabía de sus virtudes y sus defectos. A los norteños por aquel entonces -y creo que en estos tiempos también- no les gustaban las marcas encimadas y pegajosas y tampoco el juego fuerte. Esas dos cosas siempre los ponían nerviosos y se desconcentraban. Obdulio sabía que estaba en el estadio más seguro que había conocido y que ningún hincha iba a entrar a la cancha. Que simplemente eran once contra once y -como siempre decía- "los de afuera son de palo".
Obdulio, con la experiencia de su largo transitar por las canchas, sabía a la perfección sacar el mayor provecho sicológico del rival. Sabía que era muy difícil ganarle a los brasileños en su casa en una final del mundo, donde ellos, además de tener un poderoso equipo, se habían preparado para no defraudar a su público y alzarse con el título. Tenía una fuerte personalidad forjada, reitero, en las adversidades que le había tocado vivir; por lo tanto, jamás se iba a sentir visitante en ninguna cancha, porque mentalmente se sentía locatario.
Y llegó el momento más esperado con el estadio repleto de un público nervioso e inquieto. Vamos a salir -dijo Obdulio- y cuando lleguemos a la boca del túnel esperamos a los brasileños y entramos junto con ellos, así todo lo que vamos a escuchar son aplausos. Y por favor no miren para las tribunas donde está toda la gente. El partido se juega abajo. Esa gente no existe, así que no nos importa. Al entrar a la cancha vamos a caminar despacio, como sobrando, hay que ponerlos nerviosos, que se preocupen y empiecen a dudar si nos pueden ganar tan fácil.
Empezó el partido y vibró todo el cemento de Maracaná. Comenzaba -según la mayoría- un festín para el equipo brasileño. Lo único que se discutía era cuántos goles haría el poderoso equipo de Brasil. Y después, la gran fiesta que ya estaba preparada desde hacía mucho tiempo, con tres días previstos de feriado como si fuera carnaval.
El resultado todos lo conocen y la resonancia que tuvo la victoria de Uruguay, fue el asombro del mundo. Como contrapartida de la alegría uruguaya, también fue enorme la tristeza, dolor y angustia, que este hecho ocasionó a todo el Brasil. Los brasileños lo lloraron muchos años, hasta agotar sus lágrimas. Y señalaban a Obdulio como el principal responsable de la derrota.
Una vez que terminó el encuentro, los celestes se fueron al hotel. Esto que escribo es parte de lo que le escuché a Obdulio contar. El mismo dirigente que Obdulio había echado horas antes del vestuario, estaba organizando una celebración. Obdulio no pudo soportar tanta hipocresía, y se fue silenciosamente a caminar por las calles de Río, donde se respiraba la tristeza de los pocos transeúntes. Y el gran capitán que había conducido a su equipo a esa brillante victoria, sintió angustia ¿y por qué no?, sintió dolor, porque era un hombre profundamente sensible ante cualquier sufrimiento. Pensaba que uno de los que había provocado esa situación era él, y se sentía culpable.
Esa era la otra cara de ese aguerrido jugador de fútbol.
Caminó por las calles de Río hasta que decidió entrar a un bar. Se arrimó al mostrador donde había muchos parroquianos y pidió una caipirinha. Al poco rato, uno de ellos lo reconoció y se le acercó llamándolo por su nombre. En ese momento pensó -así lo contaba- "estos brasileños me matan". Pero fue todo lo contrario, lo saludaron con respeto y admiración y fueron ellos que invitaron las copas. Reconocían el esfuerzo que había hecho Uruguay para ganar ese partido. De esa tremenda y dolorosa derrota, sacaron muchas enseñanzas, y hoy Brasil es el mejor equipo del mundo, con cinco Mundiales en su haber. Obdulio siguió esa noche con ellos por varias cantinas.
Cuando llegó al hotel al amanecer, todos estaban preocupados por su ausencia. No les di pelota y me fui a dormir -contaba- porque tenía flor de mamúa.
El día 18 de julio, Uruguay regresaba de Brasil. Obdulio -sabiendo que mucha gente iría al aeropuerto a recibirlos- le envió un telegrama a su querida compañera Cata -como él llamaba siempre a su esposa- diciéndole que no fuera a esperarlo, que se quedara con los gurises en casa.
El avión de Pluna, antes de aterrizar en Carrasco, sobrevoló el estadio Centenario colmado de hinchas que los aguardaban para darles la bienvenida.
Apenas aterrizó el avión… a Obdulio no lo vieron más. Apareció dos horas después en su casa -por aquel entonces en Capitán Videla y Soca- casi disfrazado, con una gabardina negra y un sombrero que le tapaba las orejas. Se había enterado en el aeropuerto que sus vecinos lo estaban esperando para darle un gran recibimiento, y por tal motivo llegó a escondidas. Le explicó a su familia -muy contento- que había dado muchas vueltas antes de entrar para que no lo descubrieran. Cuando Cata le preguntó de dónde había sacado esa ropa, dijo: "La pedí prestada, mañana la devuelvo, no te preocupes".
Para él ya todo estaba terminado, misión cumplida; íntimamente se sentía feliz. Algunas veces lo escuché decir "Con la fama no se come". Y aquellos dirigentes que se conformaban con ser vicecampeones, se hicieron medallas de oro y a los jugadores les repartieron las de plata.
Hablar de Obdulio Jacinto Varela es hablar del último caudillo que tuvo el fútbol uruguayo, y de un ser humano formidable.
Cuando el Dr. Caritat realizó una campaña para recabar fondos para los niños del Pereira Rossell -en el año 1963- Obdulio invitó a los jugadores brasileños del 50 para jugar un amistoso y llenó el estadio.
El 7 de mayo escuché en el informativo -con asombro y profunda tristeza- que se remataban al mejor postor sus zapatos de fútbol, camisetas, fotos, trofeos, medallas, plaquetas y todo lo que consiguió cuando jugaba al fútbol. No eran "cosas" las que se remataban. Eran sus glorias, sus triunfos, sus tesoros tan preciados por él y por su querida Cata. No tengo dudas que si viviera Catalina, ese remate jamás se habría realizado. "El rincón de los recuerdos" -como él le decía- donde guardaba su pasado con tanto cariño, quedó vacío.
El 7 de mayo de 2003 se remató la VIDA de unas de las glorias del fútbol uruguayo.
Pero no te preocupes ¡Negro Jefe! ¡La gloria que nos diste en Maracaná el 16 de julio del 50… ¡nunca podrá ser subastada!
Miguel Abalos
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8. Forlán es el mejor de los mejores
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mié, 15 de Dic, 2010 2:20 pm
El celeste recibió el premio que dejó Zidane
JOSÉ MASTANDREA
Se hizo justicia. Diego Forlán recibió el Balón de Oro tras haber sido elegido el mejor jugador de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.
Sin el marketing de un Brasil lleno de figuras ni con el entorno de una Argentina "galáctica", Forlán logró lo que ningún otro uruguayo pudo: ser el mejor entre los mejores en una compulsa mundialista que terminó ganando con el 23,4% de los votos.
El acto se celebró en la sede central de la firma Adidas, en Herzogenaurach (Alemania).
Además de Forlán, fueron galardonados Iker Casillas, con el Guante de Oro, por haber sido el arquero menos vencido del Mundial y el alemán Thomas Müller recibió la Bota de Oro como máximo goleador en Sudáfrica.
La entrega de este galardón llegó pocos días después que el delantero de Atlético Madrid quedara fuera de la pelea por el Balón de Oro que entrega FIFA y que ya designó a los tres candidatos: Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Lionel Messi.
Forlán hereda el trono que dejó el francés Zinedine Zidane consagrado tras su actuación en el Mundial de Alemania 2006.
El alemán Oliver Kahn había ganado el Balón de Oro en el Mundial Corea/Japón 2002 y el brasileño Ronaldo lo había hecho tras el Mundial de Francia 1998. El premio obtenido por Forlán echó por tierra lo que muchos anunciaban que Iniesta iba a llevarse el trofeo por haber sido el conductor de España hacia el título.
Forlán también pudo haber ganado la Bota de Oro pero el último tiro suyo en el partido frente a los alemanes se estrelló en el horizontal.
Sea como sea, Forlán volvió a ganarles a todos. Con su talento, su clase, su humildad, y su forma de ser, terminó siendo el mejor de los mejores.
GanÓ con el 23 % de votos Forlán ganó el Balón de Oro de Sudáfrica 2010 con el 23, 4% de los votos, por delante de Wesley Sneijder y David Villa, sus seguidores. También fueron candidatos Xavi Hernández, Iniesta, Arjen Robben, Mesut Özil y Bastian Schweinsteiger, Lionel Messi y Asamoah Gyan.
http://www.ovaciond igital.com. uy/
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4. José Leandro Andrade, un grande.
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
Miguel Abalos
Me atrevería decir que muchos periodistas deportivos -de esta generación de jóvenes- posiblemente desconozcan algunos detalles de la figura enorme que fue José Leandro Andrade, sin duda uno de los más brillantes de su época.
Jugadores como él nos hicieron conocer en Europa como país independiente, entendiendo que no éramos parte de Argentina o Paraguay.
Nació en Salto, el 1ro. de octubre de 1901. Por su amor al carnaval vino a Montevideo a vivir con una tía en el barrio Palermo. Practicó en Peñarol siendo casi un adolescente y después jugó en la divisional de ascenso de Misiones, donde logró popularidad y simpatías por su juego tan particular que fusionaba quites y amagues de cuerpo, con un toque casi candombero.
José Nasazzi lo invitó a jugar con él en Bella Vista, donde Andrade se desempeñó como entreala derecho -hoy volante armador- armando y dribleando de manera estupenda. Después pasó al puesto de lateral, y también fue brillante.
Jugaba al fútbol y se ganaba la vida vendiendo diarios en la vieja Estación Pocitos, en la ochava de Rivera y Soca, donde hoy está el edificio Banco Comercial.
Andrade era negro como el carbón, alto, de andar elegante, y hablaba con un dejo de arrogancia, como desafiando su humilde cuna.
Previo pasaje del equipo por España -donde se consagró como un futbolista deslumbrante- Andrade se encontró viajando rumbo a Francia, donde jugaría en las Olimpíadas del año 24 para la selección de Uruguay.
España lo descubrió y Francia le dio trascendencia mundial. En Colombes -por su juego fino y elegante- lo apodaron "la maravilla negra". Dicen los periodistas de la época que asombró a todos los que lo vieron jugar. Parecía tener un imán en sus pies para atraer la pelota. Además, era la primera vez que los franceses veían un jugador de fútbol negro.
Su figura fue adquiriendo resonancia en cada partido. Tan exquisita destreza en los pies no era sólo para el deporte, también bailaba el tango… y como pocos. En París cambió su desgastada gorra por un "chambergo" que le hacía sombra a sus renegridos ojos vivaces y atrevidos, y sus privilegiados pies dejaron las alpargatas para vestirse con unas botitas de charol que les daban jerarquía.
Fue la locura de las rubias francesitas, que se lo diputaban como algo extraño y misterioso que puede traer suerte o temor, tal vez un raro sensualismo, y ¿por qué no?, algo de salvaje.
Un día desapareció de la concentración, creando la preocupación de jugadores y dirigentes. Uno de sus compañeros de equipo y amigo, el "Loco" Romano -que sabía dónde encontrarlo- se ofreció para salir en su búsqueda. Tenía una dirección que el mismo José Leandro le había dado.
Cuando llegó al lugar, le pareció insólito que estuviera en uno de esos hermosos apartamentos, pensó que se había equivocado, pero no obstante decidió averiguar. Y su sorpresa fue mayor cuando lo atendió una doncella, que al preguntarle por José Leandro Andrade, muy sonriente contestó: "Oh, oui, monsieur Andrade" y tras de ella apareció José, vistiendo un kimono de seda que le daría envidia al más bacán.
En la habitación había dos hermosas jóvenes vestidas con ropas livianas, y se respiraba el aroma de exquisitos perfumes.
En un par de días se había escapado de ese dulce encierro… que de alguna forma lo asfixiaba. Estaba acostumbrado a respirar libertad, por más seductora y hermosa que fuera la "celda" que le brindaban las francesas.
Regresó a Montevideo como un triunfador, elogiado por la prensa internacional como uno de los mejores jugadores del certamen. Se había convertido en un hombre de la noche, siempre vestido elegantemente, y daban que hablar sus aventuras amorosas en aquel Montevideo de los años 20. También estaba rodeado de los adulones que se arriman a los ganadores. Compañero inseparable de su tamboril, vivía el Carnaval con intensidad y deleite.
Ganó su segunda medalla olímpica y también fue muy destacado por todos los periodistas deportivos del mundo.
En el mundial del año 30 -jugado en Montevideo- nuevamente Andrade mostró una alta y pulida técnica que hizo las delicias de los espectadores. En 1932 -instaurado el profesionalismo en el fútbol- fue campeón uruguayo con Peñarol, joven todavía pero con el físico muy deteriorado por su forma de vida tan apresurada. Ya no era el Andrade para el mejor recuerdo, aunque su figura colosal siguió siendo una evocación, maravillosa mezcla de historias y leyenda. Al final de su carrera futbolística, jugó en Atlanta y Talleres de Argentina, y finalmente en Montevideo Wanderers.
Con el correr del tiempo -como siempre inexorable- Andrade perdió su esplendor y su fama. Sus amigos de la época de triunfos se habían borrado. Volvió al barrio, más pobre que nunca, y tampoco ahí encontró una mano tendida. Ya no tenía más que su orgullo de hombre altivo que se rebela contra la adversidad de este mundo frío, calculador e interesado, donde la gente sólo se arrima al que está en lo alto.
Ni los triunfos ni las derrotas lo conmovieron. Introvertido, vivió para adentro lo bueno y lo malo. Algunos carnavales lo vieron en su agrupación favorita con el tambor cruzado al pecho, los ojos semicerrados en un profundo éxtasis y el oído dormido sobre el canto armonioso y sublime de las lonjas.
Y así, indiferente a todo, se precipitó a un trágico final. En la total indigencia, Andrade fue a parar a un hospital de enfermos pulmonares. Algunos que decían ser amigos intentaron organizar festivales para ayudarlo, pero la idea nunca se llevó a cabo. José Leandro ya no le importaba a nadie.
Lo dramático de esta historia de vida tan original, es que salió de una esquina cualquiera, donde vivía miserablemente, para llegar hasta los más lujosos salones de baile de París. Fue admirado y diputado por hermosas parisinas, como una ráfaga de pasión sensual.
Muchas páginas de la prensa internacional se ocuparon por varios años de elogiar sus enormes virtudes como uno de los futbolistas mejores del mundo.
Y el destino lo devolvió a su lugar de origen más solo y más pobre que antes, yo diría como un poema de arrabal, como la letra de uno de esos tangos que bailó tan bien en su apogeo.
Murió el 3 de octubre de 1954 con cincuenta y tres años recién cumplidos, en la total soledad de un hospital, acompañado únicamente por sus recuerdos en el camino final hacia el mundo del silencio.
Miguel Abalos
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5. Lindo tiempo aquel, ¡canejo...!
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
Lindo tiempo aquel, ¡canejo...!
por Miguel Abalos
Contaba Dalton Rosas Riolfo ―legendario personaje del Carnaval, el folklore, y primer presidente de la Mutual― que en la huelga de jugadores de 1948, llegó hasta esa casa don Ignacio Parpal, gerente de la Fábrica Nacional de Cerveza.
Expresó que deseaba proponerle a Obdulio Jacinto Varela publicar una foto suya en el almanaque de ese año, con la frase: "Yo tomo cerveza Doble Uruguaya", por lo que le pagaría tres millones de pesos. Cuando llegó Obdulio le contaron...
¡Para qué...! Se puso furioso y le reprochó a todos que no hubieran echado a Parpal a patadas...
Pero decía Dalton que la vida ofrece revanchas, y el destino le permitió hacer una travesura, aprovechando la llegada de tres gentiles damas a la sede de la Mutual. Representaban a la Comisión de Ayuda al Niño del Campo. Iban a pedir ―ya que no había campeonato por el conflicto― , que los jugadores organizaran un partido de fútbol a beneficio de esa obra social.
El momento no era oportuno. Por la larga y dificultosa huelga llevaban cuatro meses sin cobrar. Pero había una posibilidad, y las mandó a hablar con Obdulio. Si ellas conseguían que aceptara la propuesta de la Cervecería, los tres millones ofrecidos serían para los niños campesinos.
Las damas fueron a verlo, le plantearon el problema y la respuesta de Obdulio fue inmediata: "¿Dónde tengo que firmar?". La presidenta ―Sra. Demichelli 8213; intermedió con Ignacio Parpal explicándole que Obdulio aceptaría, si la empresa donaba una cifra más adecuada a las circunstancias: cinco millones de pesos. Ese año, el almanaque de la Cervecería mostró una foto enorme de Obdulio tomando el chopp de la marca y el dinero se volcó íntegro a la obra de beneficencia.
En otra oportunidad, Peñarol había firmado un contrato con una empresa para colocar su nombre en el frente de las camisetas. Obdulio no quiso saber de nada. "Se acabó el tiempo en que a los negritos les ponían una argolla en la nariz" ―dijo& #8213; y no hubo forma de convencerlo. "Ustedes me contrataron para jugar al fútbol; si quieren un hombre para llevar carteles, llamen a Fosforito". Al domingo siguiente, fue el único que salió a la cancha sin la propaganda de aquella empresa en la camiseta.
El gran Obdulio sentía mucho cariño por los chicos. Detrás de ese recio y aguerrido jugador había un hombre muy sensible; sin duda por la humilde niñez que tuvo. Un día llegó a su casa la carta de un niño de los suburbios salteños, que le decía que quería conocerlo. Al poco tiempo, Obdulio viajó a Salto y se presentó en el indigente ranchito con una pelota autografiada. Al entregársela, se emocionó hasta las lágrimas viendo la alegría de aquel chiquilín en medio de tanta pobreza.
Tal vez algunos recuerden al noble y generoso traumatólogo Dr. Caritat y su Obra para los Niños Lisiados. Le pidió ayuda a Obdulio, quien convocó a los jugadores que quisieran colaborar y organizó un partido con la selección de Brasil del 50. Se hizo en 1963 en el estadio Centenario y asistieron más de 40.000 personas, que era la capacidad total de las instalaciones en esa época.
Tanto la recaudación como el espectáculo fueron todo un éxito, que motivó a esos mismos jugadores a realizar más partidos por el interior de la República recaudando fondos para la Obra del Dr. Caritat.
En esa gira ―estando en un restorán― un dirigente quiso invitar a los jugadores con whisky, bebida muy cara para aquellos años. Obdulio aceptó la gentileza en nombre de todos pero aclaró: "Usted paga el whisky, nosotros tomamos café, y volcamos la diferencia para la cruzada del Dr. Caritat".
Era tiempo de jugadores de garra y corazón, que no hicieron plata para ellos pero repartieron mucha con los necesitados. Y en la cancha... nunca pasaron vergüenza.
"Lindo tiempo aquél, ¡canejo! en que todavía me amabas..." canta Gardel... y hoy lo acompañan a coro las camisetas, la pelota y el fútbol todo.
Miguel Abalos
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6. Carnaval del Uruguay
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
Miguel Abalos
Es común que personas que han vivido muchos años, digan que tiempos pasados fueron mejores. Yo creo que –fundamentalmente– en ese pasado éramos jóvenes, y eso hacía que miráramos la vida con más optimismo, más alegría y casi con irresponsabilidad. Por lo tanto, llego a la conclusión que todos los tiempos son lindos, y en especial los de la juventud, porque nuestros mejores recuerdos parten desde esa etapa.
Viví mis primeros Carnavales por la década del 40. Es importante señalar una vez más –aunque sea reiterativo– que el Uruguay y todos los países de la región, vivían una situación económica brillante, consecuencia total y absoluta de la guerra en Europa.
Uruguay era un país de diversión todo el año, pero cuando llegaba el Carnaval era un mes de fiesta contínua. El teatro Solís y el Artigas (estaba en Andes y Colonia, esquina Sureste) dejaban sus espectáculos de teatro para convertirse en hermosas salas de baile.
En el Hotel Casino del Parque Rodó, en el Hotel Carrasco, y en cientos de clubes dispersos por todos los barrios, se bailaba con las mejores orquestas típicas del Río de la Plata. Excelentes conjuntos de Jazz, también llegaban a nuestro país para participar del Carnaval montevideano. Distinto al de Brasil, pero hermoso.
Tuvimos el privilegio de que por muchos años, participara en esta fiesta el famoso y brillante conjunto Los Lecuona Cuban Boys, que por aquel entonces era el mejor en su género a nivel mundial. Esta orquesta espectáculo le daba a nuestro Carnaval un toque distinto de esplendorosa factura musical. Sus coloridas rumbas, Rumba Azul, Rumba Negra... Y de pronto, como si fuera un huracán implacable que irrumpía del trópico, explotaba la conga y era el delirio, la chispa que encendía a la juventud: "La conga de Jaruco viene asomando..."
Y luego el éxtasis, la pegadiza conga que compusieron en homenaje a nuestro país en 1942: Carnaval del Uruguay. Ya nadie se quedaba mirando, todos a bailar, o formar cadenas para cruzar el salón sin dejar títere con cabeza. Y por unos minutos, el olvido del molesto lumbago por parte de los más veteranos.
La alegría estallaba y contagiaba a los más tímidos, valorizada por la rica inspiración de Armando Oréfice –director de los Lecuona– y la excelente voz del Chiquito Alvarado, que era uruguayo y de La Unión. Orquesta y público cantaban las estrofas de Carnaval del Uruguay: "Me voy mi negra con mi alegre conga..." Aquel público se deleitaba bailando a su compàs... y el actual sigue disfrutándolo en las permanentes evocaciones que le dedican los conjuntos carnavaleros de hoy.
El prestigio del Carnaval montevideano en toda América, se asentó en varios pivotes fundamentales: troupes, murgas, parodistas, conjuntos lubolos, y los corsos en los distintos barrios, siempre con los hermosos coloridos de disfraces, papelitos de colores y serpentinas.
Uno de los destaques fue sin duda el tablado, que permitía que la risa y la música alegraran la vida tranquila y monótona de nuestras barriadas. Según cuenta la historia, a fines del siglo XIX, en Dieciocho de Julio y Sierra (hoy Fernández Crespo), se construyó el primero. En el correr de los años, el éxito de la iniciativa tuvo tales proyecciones que en 1930 figuraban inscriptos en la Comisión de Fiestas alrededor de 400 tablados.
En los comienzos se trataba de construcciones modestas: un piso que descansaba sobre una docena de bidones o tanques, una baranda de madera y algunos chirimbolos carnavalescos que lo distinguían como tal. Pero el asunto fue tomando vuelo a medida que los años pasaban. La rivalidad de las barriadas para presentar cada vez un tablado mejor, estimulaba a los vecinos y aquellos primeros tablones de madera se fueron transformando poco a poco en obras de alto valor artístico algunas, y otras en verdaderos aciertos de humor.
Para ese entonces la Comisión de Fiestas decidió establecer premios para incentivar la iniciativa popular. Y fue así como surgió el entusiasmo de la gente de los barrios para colaborar con dinero y trabajo, que la Prensa difundió y elogió.
Se cuenta que a principios del siglo pasado en Garibaldi y Gral. Flores se reunió el vecindario en asamblea y decidió levantar un tablado. Pero se presentó un difícil problema a resolver, porque por allí pasaba una línea de tranvía de caballos; por lo tanto, la empresa de transporte opuso tenaz resistencia.
Los vecinos insistían, pero la empresa no cedía. En esa discusión los días iban pasando y había que construir el tablado antes del comienzo del Carnaval. De pronto, un ingenioso vecino encontró una solución salomónica: construir el tablado tendiendo un puente de vereda a vereda, para que por debajo pudiera pasar el tranvía sin dificultades y sin riesgos. Sin duda fue una idea original y que la gente bautizó con el nombre de "Puente de los Suspiros", que se convirtió en la atracción máxima de aquel Carnaval.
Muchos años después, en otro Carnaval famoso –porque pasó prácticamente bajo agua– en San Fructuoso y Gral. Flores, con mucho trabajo y entusiasmo, los vecinos habían levantado un hermoso tablado que era el orgullo de la zona. El mismo día del comienzo del Carnaval, un terrible temporal azotó la ciudad. Al cuarto día había provocado inundaciones y destrozos. A la mañana del quinto día, cuando cesó un poco el aguacero, la sorpresa de los vecinos no tenía límite: ¡el tablado había desaparecido!
Se resistían a creer que lo hubieran robado, aunque comentaban que la audacia de los ladrones no tenía límite; pero eso de robarse un tablado, ya batía todos los récords conocidos de la delincuencia criolla. Pero pronto todo quedó claro. A cuatro cuadras de su construcción original, en San Fructuoso y San Martín, apareció el tablado con algunos deterioros, pero todavía en condiciones de ser reconstruido. Lo había arrastrado el agua. Un camión lo trajo a su esquina y un pícaro ingenioso le puso un ancla, por si la lluvia seguía.
A principios de los 40', al llegar el Carnaval, recorría los tablados con los gurises de mi barrio, en la zona de Larrañaga y Rivera. Al que más íbamos era al que estaba frente al Puertito del Buceo. En ese lugar había una casa de las que los veteranos de aquellos tiempos llamaban "rancho", que comúnmente eran usadas los fines de semana y en el verano. Los dueños eran Víctor Soliño, Ramón Collazo, Pintín Castellanos y otros. Frente mismo a la casa, para el Carnaval, hacían construir un tablado donde ellos también actuaban.
Ese año tenían como invitado muy especial al gran cómico argentino Pepe Arias, que había llegado a pasar unos días. Él también quiso participar del grupo de comediantes con el solo fin de divertirse. El número principal anunciado por el grupo, era la imitación a Pepe Arias... que nadie podía suponer que estaba a cargo de él mismo. Cuando subió al escenario y comenzó, el público, que era mucho, escuchaba y se reía de cómo representaba los populares monólogos tan a la perfección. Pero los comentarios eran diversos. Los más generosos aceptaban que estaba bastante bien, pero que de ahí al verdadero Pepe Arias, había un abismo. Y otros aceptaban que en algunos pasajes, se le parecía bastante. Aun sin que nadie reconociera en el imitador al personaje original, lo aplaudieron a rabiar.
Hoy, a tantos años de esos hechos nos preguntamos hasta qué límites de lo absurdo puede llegar el afán crítico de los humanos... Y en cuanto al espectador uruguayo de toda expresión artística, siempre tuvimos fama de excesivamente exigentes y para los artistas... fuimos un público temible. Creo que actualmente hemos entrado –en ese sentido y en tantos otros– en la etapa de la aceptación y la tolerancia.. . como si todo el año fuera Carnaval...
Miguel Abalos
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7. El ultimo caudillo
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mar, 14 de Dic, 2010 10:16 pm
A fines del siglo XIX, los ingleses -junto a los ferrocarriles- trajeron el fútbol a estas latitudes. Allá por el barrio Peñarol, los muchachos humildes salían de sus ranchos y miraban con asombro cómo esos rubios y robustos hombres le pegaban a una pelota de cuero, entre gritos y alocadas carreras.
Poco tiempo llevó para que todos los jóvenes uruguayos comprendieran el secreto de ese deporte y en el correr de los años se convirtieran en hábiles dominadores de pelota, aportando además mucha picardía en su manejo. Así asombraron al mundo futbolístico siendo campeones olímpicos en los años 24 y 28. Hasta ese momento Uruguay era un país casi desconocido para muchos, y algunos creían que formaba parte de Argentina.
A raíz de esos triunfos la FIFA eligió a Uruguay como sede para el primer Campeonato Mundial de Fútbol. Una vez más el equipo uruguayo se alzó con la copa, mostrando al mundo que era el mejor y que las Olimpíadas del 24 y 28 no habían sido algo fortuito, sino una supremacía indiscutible.
En los dos Mundiales siguientes, el 34 en Italia y el 38 en Francia, Uruguay no participó -al igual que muchos países de América del Sur- porque Europa estaba convulsionada y era eminente un segunda guerra mundial.
Cinco años después de terminados los conflictos bélicos, Brasil fue nominado por la FIFA como sede para el IV Campeonato. Para tal ocasión los brasileños construyeron el estadio de fútbol más grande del mundo con capacidad para casi 200.000 personas. Los jugadores del 24, el 28 y el 30 -que habían demostrado sus brillantes condiciones acaudillados por el formidable José Nasazzi- ya no estaban en las canchas. Eso se había convertido en un hermoso recuerdo.
La generación del 50 era otra, que debía revalidar aquellos triunfos y consolidar la supremacía de sus predecesores. Para muchos compatriotas parecía casi un imposible, posiblemente lo mismo se creyó cuando cruzaron el Atlántico en barco para las Olimpíadas del 24. Pero una vez más el mundo escuchaba -casi sin poder creer- que once jugadores de fútbol de un país llamado Uruguay volvían a ser campeones del mundo.
El nombre de su capitán y caudillo -junto al de todos sus compañeros de equipo- pasó a ser parte de una hazaña memorable. Para todas las generaciones de amantes al fútbol de este país, el 16 de julio de 1950 ha quedado como una fecha muy difícil de olvidar, por el entorno que tuvo esa victoria.
Hoy quiero intentar un bosquejo de la figura sin duda más gravitante, no sólo como jugador. Quiero hablar del hombre, templado desde muy chico en la adversidad de la vida que le tocó en suerte. El que supo poner sobre una cancha de fútbol su filosofía callejera muy bien aplicada, que fue una enorme ayuda sicológica para todos sus compañeros. Obdulio Jacinto Varela, con casi treinta y tres años a cuestas y un trajinar por las canchas de casi veinte años, fue el pilar fundamental. Sé que no estoy contando nada nuevo, ya que cuatro generaciones de este país han escuchado comentarios sobre su trayectoria futbolística.
Había nacido el 20 de setiembre de 1917 en el barrio La Teja, que siempre fue de gente muy humilde, y en aquellos tiempos mucho más. Perteneciente a una familia pobre y con muchos hijos, fue a la escuela hasta tercer grado y después dejó. Había que salir a la calle a trabajar para ayudar a sus padres y hermanos. Vendió diarios en Paso Molino y después en el Centro, en 18 de Julio y Yaguarón, cuando tenía apenas diez años. Una vez le escuché decir que la calle le enseñó casi todo: lo bueno, lo malo, lo feo y lo lindo… y se podía agarrar para cualquier lado. Se podía elegir el camino fácil y terminar mal, o el camino sacrificado pero más seguro.
En ese entonces la gente era más sana. Los más veteranos le fueron enseñando cosas que mucho le sirvieron para sobrevivir en ese medio.
Comenzó a jugar al fútbol en el Club La Fortaleza, en Nueva Palmira y Juan Paullier. Ya desde adolescente se perfilaba como líder. Le gustaba ordenar a sus compañeros en la cancha y éstos obedecían. Tal vez su gran admiración por el campeón olímpico y mundial Lorenzo Fernández le había acrecentado esa condición.
Después pasó al Dublín, donde jugó poco tiempo, ya que su hermano mayor lo llevó al Pascual Somma. Todos estos equipos integraban las Ligas de Barrio, por lo tanto no estaban afiliadas a la Asociacion Uruguaya de Fútbol, eran totalmente independientes. Eran todos cuadros fuertes y con hábiles jugadores, y muchos equipos de Primera División se nutrían de esos valores.
Las canchas eran muchas en aquellos tiempos. En cada barrio había más de una. Eran abiertas y no tenían alambrados ni vigilancia policial. Las hinchadas estaban al borde del perímetro prontas para entrar si había alguna bronca. Además de saber jugar al fútbol, también había que ser guapo para hacerlo. Obdulio tenia diecisiete años cuando el Deportivo Juventud -éste sí afiliado a la AUF- que tenía su cancha en Jaime Cibils y Martín Fierro, lo llevó a sus filas. Participaba en la Divisional Intermedia, donde se jugaba muy fuerte.
En el año 38, con veinte años de edad, pasó a la Primera División de Wanderers. Comenzaba su carrera como jugador profesional. El precio por su pase fue de doscientos pesos, mucho dinero por la compra de un jugador. Wanderers le dio ciento cincuenta, y así Obdulio cobró su primera "plata grande".
Fue en marzo, era carnaval, estaba acompañado por su tío Luis. Después de recorrer algunos boliches, compararon pollo al espiedo, lechón, pan, masas y varias botellas de refrescos. Tomaron un taxi y llegaron al rancho como a media noche. Su madre y media docena de gurises chicos dormían.
Cuando entraron y encendieron la luz, la madre se despertó sobresaltada. Obdulio y el tío pusieron los paquetes sobre la mesa y comenzaron abrirlos. Con el ruido del papel los hermanos se iban despertando sin entender qué pasaba. La madre nerviosa lo interrogó:
-¿Qué hiciste m'hijo?, ¿de dónde sacaste todas esas cosas?
-No, mamá, no hice nada malo, me fiché para jugar en Wanderers y me dieron mucha plata, es eso.
Se sentó en la cama y empezó a repartir con todos los gurises, que comían contentos todo lo que les daba. Ya cuando amanecía y las primeras luces del día se filtraban por las rendijas de la ventana, se fueron a dormir.
A partir de ahí comienza a gestarse para el ambiente futbolístico la figura de Obdulio, sin que nadie pudiera pensar que en el correr de los años se iba a convertir en un símbolo… y hoy, siglo XXI, casi en una leyenda.
En enero del 39 es citado para jugar en la Selección uruguaya por primera vez, para participar en el Sudamericano que se iba a desarrollar en Perú, hoy llamado Copa América. En el 41 juega nuevamente en el Sudamericano de Chile. En el año 42 el Sudamericano se realiza en Uruguay, que se consagra campeón después de jugar la final con Argentina. Uruguay formó con Aníbal Paz, Romero, Agenor Muniz, Gambeta, Obdulio Varela, Raúl Rodríguez, Luis Ernesto Castro, Severino Varela, Aníbal Ciocca, Roberto Porta y Bibiano Zapiráin. Con gol de Bibiano Zapiráin al muy buen arquero argentino Sebastián Cualco, se consigue el triunfo uruguayo por 1 a 0.
Llega el año 43 y Obdulio pasa a Peñarol. Vistiendo lo colores mirasoles jugó hasta el año 55, cuando se retiró con treinta y siete años de edad después de ganar con su equipo varios campeonatos.
En el año 1950, el país anfitrión para el Campeonato Mundial es Brasil, considerado favorito por todos los participantes. Su Selección se concentra y se prepara seis meses antes del comienzo en un apartado lugar de Brasil, bajo las órdenes del mejor técnico brasileño del momento: Flavio Costa. Uruguay como siempre, con muchos problemas, a un mes del comienzo no sabía aún qué jugadores iban a viajar. Sólo se hicieron algunas prácticas, y dos o tres partidos amistosos. El día de emprender el viaje, algunos se fueron en barco y otros en avión.
Uruguay debuta jugando con Bolivia y gana con total comodidad por 8 a 0. Hay un agónico empate con España con gol de Obdulio de treinta metros. Después, le gana a Suecia por 3 a 2 en el último minuto luego de ir perdiendo por 2 a 1. Así llegamos a la final. Brasil, por el contrario, era una máquina aplanadora, destruyendo a todos sus rivales por goleada.
Llegó la memorable final, donde nadie le otorgaba la más mínima chance a Uruguay. Minutos antes de salir el equipo a la cancha, llegó al vestuario un dirigente y le dijo a los jugadores que no se hicieran problema, que Uruguay ya había cumplido con ser vicecampeón. Que si perdían por menos de cinco goles estaba bien. Obdulio, después de escucharlo, echó al dirigente del vestuario y le pidió a todos los muchachos que se comprometieran con hacer lo imposible por ganar. Para él no cabía otra cosa. Que Brasil era el mejor de todos era bien sabido. Pero se le podía ganar.
Junto a Juan López nuestro director técnico, mucho se había hablado para ese partido. Obdulio había enfrentado en muchas oportunidades a los brasileños en los campeonatos Sudamericanos y también por la copa Río Branco. Los conocía bien. Sabía de sus virtudes y sus defectos. A los norteños por aquel entonces -y creo que en estos tiempos también- no les gustaban las marcas encimadas y pegajosas y tampoco el juego fuerte. Esas dos cosas siempre los ponían nerviosos y se desconcentraban. Obdulio sabía que estaba en el estadio más seguro que había conocido y que ningún hincha iba a entrar a la cancha. Que simplemente eran once contra once y -como siempre decía- "los de afuera son de palo".
Obdulio, con la experiencia de su largo transitar por las canchas, sabía a la perfección sacar el mayor provecho sicológico del rival. Sabía que era muy difícil ganarle a los brasileños en su casa en una final del mundo, donde ellos, además de tener un poderoso equipo, se habían preparado para no defraudar a su público y alzarse con el título. Tenía una fuerte personalidad forjada, reitero, en las adversidades que le había tocado vivir; por lo tanto, jamás se iba a sentir visitante en ninguna cancha, porque mentalmente se sentía locatario.
Y llegó el momento más esperado con el estadio repleto de un público nervioso e inquieto. Vamos a salir -dijo Obdulio- y cuando lleguemos a la boca del túnel esperamos a los brasileños y entramos junto con ellos, así todo lo que vamos a escuchar son aplausos. Y por favor no miren para las tribunas donde está toda la gente. El partido se juega abajo. Esa gente no existe, así que no nos importa. Al entrar a la cancha vamos a caminar despacio, como sobrando, hay que ponerlos nerviosos, que se preocupen y empiecen a dudar si nos pueden ganar tan fácil.
Empezó el partido y vibró todo el cemento de Maracaná. Comenzaba -según la mayoría- un festín para el equipo brasileño. Lo único que se discutía era cuántos goles haría el poderoso equipo de Brasil. Y después, la gran fiesta que ya estaba preparada desde hacía mucho tiempo, con tres días previstos de feriado como si fuera carnaval.
El resultado todos lo conocen y la resonancia que tuvo la victoria de Uruguay, fue el asombro del mundo. Como contrapartida de la alegría uruguaya, también fue enorme la tristeza, dolor y angustia, que este hecho ocasionó a todo el Brasil. Los brasileños lo lloraron muchos años, hasta agotar sus lágrimas. Y señalaban a Obdulio como el principal responsable de la derrota.
Una vez que terminó el encuentro, los celestes se fueron al hotel. Esto que escribo es parte de lo que le escuché a Obdulio contar. El mismo dirigente que Obdulio había echado horas antes del vestuario, estaba organizando una celebración. Obdulio no pudo soportar tanta hipocresía, y se fue silenciosamente a caminar por las calles de Río, donde se respiraba la tristeza de los pocos transeúntes. Y el gran capitán que había conducido a su equipo a esa brillante victoria, sintió angustia ¿y por qué no?, sintió dolor, porque era un hombre profundamente sensible ante cualquier sufrimiento. Pensaba que uno de los que había provocado esa situación era él, y se sentía culpable.
Esa era la otra cara de ese aguerrido jugador de fútbol.
Caminó por las calles de Río hasta que decidió entrar a un bar. Se arrimó al mostrador donde había muchos parroquianos y pidió una caipirinha. Al poco rato, uno de ellos lo reconoció y se le acercó llamándolo por su nombre. En ese momento pensó -así lo contaba- "estos brasileños me matan". Pero fue todo lo contrario, lo saludaron con respeto y admiración y fueron ellos que invitaron las copas. Reconocían el esfuerzo que había hecho Uruguay para ganar ese partido. De esa tremenda y dolorosa derrota, sacaron muchas enseñanzas, y hoy Brasil es el mejor equipo del mundo, con cinco Mundiales en su haber. Obdulio siguió esa noche con ellos por varias cantinas.
Cuando llegó al hotel al amanecer, todos estaban preocupados por su ausencia. No les di pelota y me fui a dormir -contaba- porque tenía flor de mamúa.
El día 18 de julio, Uruguay regresaba de Brasil. Obdulio -sabiendo que mucha gente iría al aeropuerto a recibirlos- le envió un telegrama a su querida compañera Cata -como él llamaba siempre a su esposa- diciéndole que no fuera a esperarlo, que se quedara con los gurises en casa.
El avión de Pluna, antes de aterrizar en Carrasco, sobrevoló el estadio Centenario colmado de hinchas que los aguardaban para darles la bienvenida.
Apenas aterrizó el avión… a Obdulio no lo vieron más. Apareció dos horas después en su casa -por aquel entonces en Capitán Videla y Soca- casi disfrazado, con una gabardina negra y un sombrero que le tapaba las orejas. Se había enterado en el aeropuerto que sus vecinos lo estaban esperando para darle un gran recibimiento, y por tal motivo llegó a escondidas. Le explicó a su familia -muy contento- que había dado muchas vueltas antes de entrar para que no lo descubrieran. Cuando Cata le preguntó de dónde había sacado esa ropa, dijo: "La pedí prestada, mañana la devuelvo, no te preocupes".
Para él ya todo estaba terminado, misión cumplida; íntimamente se sentía feliz. Algunas veces lo escuché decir "Con la fama no se come". Y aquellos dirigentes que se conformaban con ser vicecampeones, se hicieron medallas de oro y a los jugadores les repartieron las de plata.
Hablar de Obdulio Jacinto Varela es hablar del último caudillo que tuvo el fútbol uruguayo, y de un ser humano formidable.
Cuando el Dr. Caritat realizó una campaña para recabar fondos para los niños del Pereira Rossell -en el año 1963- Obdulio invitó a los jugadores brasileños del 50 para jugar un amistoso y llenó el estadio.
El 7 de mayo escuché en el informativo -con asombro y profunda tristeza- que se remataban al mejor postor sus zapatos de fútbol, camisetas, fotos, trofeos, medallas, plaquetas y todo lo que consiguió cuando jugaba al fútbol. No eran "cosas" las que se remataban. Eran sus glorias, sus triunfos, sus tesoros tan preciados por él y por su querida Cata. No tengo dudas que si viviera Catalina, ese remate jamás se habría realizado. "El rincón de los recuerdos" -como él le decía- donde guardaba su pasado con tanto cariño, quedó vacío.
El 7 de mayo de 2003 se remató la VIDA de unas de las glorias del fútbol uruguayo.
Pero no te preocupes ¡Negro Jefe! ¡La gloria que nos diste en Maracaná el 16 de julio del 50… ¡nunca podrá ser subastada!
Miguel Abalos
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8. Forlán es el mejor de los mejores
Enviado por: "canugi Yorugua" canugi@yahoo.com canugi
Mié, 15 de Dic, 2010 2:20 pm
El celeste recibió el premio que dejó Zidane
JOSÉ MASTANDREA
Se hizo justicia. Diego Forlán recibió el Balón de Oro tras haber sido elegido el mejor jugador de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.
Sin el marketing de un Brasil lleno de figuras ni con el entorno de una Argentina "galáctica", Forlán logró lo que ningún otro uruguayo pudo: ser el mejor entre los mejores en una compulsa mundialista que terminó ganando con el 23,4% de los votos.
El acto se celebró en la sede central de la firma Adidas, en Herzogenaurach (Alemania).
Además de Forlán, fueron galardonados Iker Casillas, con el Guante de Oro, por haber sido el arquero menos vencido del Mundial y el alemán Thomas Müller recibió la Bota de Oro como máximo goleador en Sudáfrica.
La entrega de este galardón llegó pocos días después que el delantero de Atlético Madrid quedara fuera de la pelea por el Balón de Oro que entrega FIFA y que ya designó a los tres candidatos: Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Lionel Messi.
Forlán hereda el trono que dejó el francés Zinedine Zidane consagrado tras su actuación en el Mundial de Alemania 2006.
El alemán Oliver Kahn había ganado el Balón de Oro en el Mundial Corea/Japón 2002 y el brasileño Ronaldo lo había hecho tras el Mundial de Francia 1998. El premio obtenido por Forlán echó por tierra lo que muchos anunciaban que Iniesta iba a llevarse el trofeo por haber sido el conductor de España hacia el título.
Forlán también pudo haber ganado la Bota de Oro pero el último tiro suyo en el partido frente a los alemanes se estrelló en el horizontal.
Sea como sea, Forlán volvió a ganarles a todos. Con su talento, su clase, su humildad, y su forma de ser, terminó siendo el mejor de los mejores.
GanÓ con el 23 % de votos Forlán ganó el Balón de Oro de Sudáfrica 2010 con el 23, 4% de los votos, por delante de Wesley Sneijder y David Villa, sus seguidores. También fueron candidatos Xavi Hernández, Iniesta, Arjen Robben, Mesut Özil y Bastian Schweinsteiger, Lionel Messi y Asamoah Gyan.
http://www.ovaciond igital.com. uy/
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jueves, 2 de septiembre de 2010
¿UN ASADITO?
¿UN ASADITO?
Enviado por: "Julio-Néstor Sosa Benia" GARUFERO@HOTMAIL.COM garufadegranada
Lun, 30 de Ago, 2010 3:46 pm
El Asado, una historia uruguaya
Comer y beber — Por estilodevida
Ediciones de la Banda Oriental acaba de presentar El asado.Origen, historia, ritual del periodista y antropólogo Gustavo Laborde.
Asado de tira, el de ¿siempre?
La ronda alrededor del fuego, el vino que acompaña, las carcajadas de los comensales, el aplauso para el asador, son distintos momentos de un mismo ritual que se gesta en torno al asado.
Gustavo Laborde, periodista y licenciado en antropología, investiga en este libro sus orígenes e historia.
Con el rigor del investigador y la amenidad del periodista, Laborde va descubriendo a través de estas páginas los secretos de ese ritual que abre un espacio en el que los comensales se sienten “libres y prósperos”, donde tantas veces se escucha la frase “¡esto es vida!”.
A lo largo de estas páginas surgen unas cuantas revelaciones sorprendentes.
Así, por ejemplo, se descubre que el gaucho nunca comió un asado de tira.
Y que las vacas de entonces, animales bravos, de músculos de hierro, poco tenían que ver con los mansos y gordos vacunos que hoy vemos en nuestras praderas.
Una vez más, al hablar del asado, se renuevan viejas rivalidades que ya forman parte de la picaresca del Río de la Plata.
¿Quién puede apropiarse de los orígenes del asado?
¿Será Uruguay, además de la cuna de Gardel y del dulce de leche, la del asado?
La investigación de Laborde apunta a que el asado, expresión sublime de libertad y plenitud, nació en la Banda Oriental.
El asado, escrito con singular amenidad, propone desentrañar los múltiples significados de algo tan querido para los uruguayos.
“Es una creencia general —dice el autor— que el asado siempre estuvo ahí, que siempre existió y que la patria se formó en torno a un pedazo de carne asada a las brasas”.
¿Pero es verdad?
Reenvía:
Julio Néstor Sosa Benia
Pocitos - Montevideo - Uruguay
Pitres (Granada)
Andalucía - España
rodelu
Enviado por: "Julio-Néstor Sosa Benia" GARUFERO@HOTMAIL.COM garufadegranada
Lun, 30 de Ago, 2010 3:46 pm
El Asado, una historia uruguaya
Comer y beber — Por estilodevida
Ediciones de la Banda Oriental acaba de presentar El asado.Origen, historia, ritual del periodista y antropólogo Gustavo Laborde.
Asado de tira, el de ¿siempre?
La ronda alrededor del fuego, el vino que acompaña, las carcajadas de los comensales, el aplauso para el asador, son distintos momentos de un mismo ritual que se gesta en torno al asado.
Gustavo Laborde, periodista y licenciado en antropología, investiga en este libro sus orígenes e historia.
Con el rigor del investigador y la amenidad del periodista, Laborde va descubriendo a través de estas páginas los secretos de ese ritual que abre un espacio en el que los comensales se sienten “libres y prósperos”, donde tantas veces se escucha la frase “¡esto es vida!”.
A lo largo de estas páginas surgen unas cuantas revelaciones sorprendentes.
Así, por ejemplo, se descubre que el gaucho nunca comió un asado de tira.
Y que las vacas de entonces, animales bravos, de músculos de hierro, poco tenían que ver con los mansos y gordos vacunos que hoy vemos en nuestras praderas.
Una vez más, al hablar del asado, se renuevan viejas rivalidades que ya forman parte de la picaresca del Río de la Plata.
¿Quién puede apropiarse de los orígenes del asado?
¿Será Uruguay, además de la cuna de Gardel y del dulce de leche, la del asado?
La investigación de Laborde apunta a que el asado, expresión sublime de libertad y plenitud, nació en la Banda Oriental.
El asado, escrito con singular amenidad, propone desentrañar los múltiples significados de algo tan querido para los uruguayos.
“Es una creencia general —dice el autor— que el asado siempre estuvo ahí, que siempre existió y que la patria se formó en torno a un pedazo de carne asada a las brasas”.
¿Pero es verdad?
Reenvía:
Julio Néstor Sosa Benia
Pocitos - Montevideo - Uruguay
Pitres (Granada)
Andalucía - España
rodelu
Etiquetas:
El Asado,
una historia uruguaya
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