CHARRUA( uruguaya ,oriental o yorugua)------------------la primer CHARRUA( uruguaya ,oriental o yorugua) que fue jurado del Metropolitano de Tango y del Jurado Mundial ,por merito propio,ahora seleccionada como "maestra reconocida mundialmente",dara un Seminario de Alta Intensidad en el Mundial.No solo es futbol mundial el Uruguay."Tanguera Ilustre de Buenos Aires" "Condor de Oro de San Luis,Argentina....Quien es? L.L. pasion,voluntad y tecnica.Tecnica,voluntad y pasion.Abriendo caminos para Uruguay,embajadora cultural de este Paisito que es un gran Pais con mayuscula. -- Ver .The one,
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sábado, 7 de mayo de 2011

EL MATE Y LA SALUD

12 - Nro.56654A A A



Estudios. Ayuda al corazón y evita el enfisema pulmonar
El mate ayuda a estar despierto y previene el cáncer y la diabetes
500 expertos de varios países analizaron propiedades de la yerba.
Cesar BArrios |


Estadísticas. El 85% de los uruguayos toma mate al menos una vez por semana. Unos 500 expertos en yerba mate, se reunieron en el Centro de Convenciones de Posadas (Misiones ­ Argentina) para discutir sobre aspectos referidos a la salud, la economía y el futuro de esta planta.

El quinto Congreso Sudamericano de la yerba mate logró reunir a expertos de Paraguay, Brasil, Uruguay, Alemania, y Argentina, para analizar, durante dos días, 114 trabajos científicos y de investigación con respecto a los beneficios de la planta.

Este año el encuentro de los materos abarcó aspectos relacionados con la medicina, ya que es un sector que para la tradicional planta no está del todo desarrollado.

Según las estadísticas presentadas en el evento, el 85% de los uruguayos toman mate por lo menos una vez por semana.



Muchas bondades
Un grupo de expertos brasileños se refirió a una investigación por la cual se ha comprobado que el mate previene el enfisema pulmonar. El experimento fue efectuado con ratones de laboratorio expuestos al humo del cigarro.

También en el encuentro se presentaron estudios sobre la actividad antibacterial de la yerba mate y el efecto protector del extracto de yerba mate frente a la radiación ultravioleta (o sea la exposición al sol).

Por Uruguay, realizó una exposición ante los 500 concurrentes el profesor adjunto de Biofísica de la Facultad de Medicina, Nelson Bracesco.

Durante un "mate break" en el ciclo de conferencias, Bradesco dialogó con medios de prensa de Argentina y profundizó sobre su conferencia, titulada "Yerba mate, investigación en Uruguay. Relación entre academia e industria".

En su disertación se presentaron los resultados de un estudio efectuado en Uruguay sobre los efectos de la yerba mate (Ilex Paraguariensis, según su denominación científica), en el ciclo sueño-vigilia, y otro sobre el efecto de la yerba en los trastornos del ritmo cardíaco.

En declaraciones a Nea Rural, un medio de información relacionado con la yerba mate, Brascesco dijo que "quizá el tema mate a nivel de investigación era de segunda". "Investigar yerba mate era como alquimia. Y hoy día está tomando un lugar protagónico".

Este médico uruguayo dijo que se debe profundizar la investigación sobre las propiedades de la yerba mate y llevar a los consumidores información sobre los beneficios del producto. O sea: la clave no está en presentar la yerba mate como un producto más, en el cual juegan fundamentalmente parámetros como promoción o empaquetado, y sí en efectuar una difusión científica de sus propiedades.

El estudio llevado adelante por Brascesco demuestra que la yerba mate facilita la vigilia y disminuye el sueño. Este concepto, que forma parte de la sabiduría popular, no estaba probado de manera científica, como lo hizo ahora el doctor Bracesco.

Los estudios también demuestran que el mate ayuda al ritmo cardíaco y tiene capacidad antioxidante.

Según explicó el experto uruguayo "la infusión neutraliza la acción de moléculas que están en la base de enfermedades como el cáncer, la diabetes y algunos trastornos vasculares". "Cuando se da un desequilibrio entre estas moléculas (radicales libres) y las defensas del organismo, es necesario aumentar la protección con antioxidantes externos" como ser la yerba mate, explicó.

También en la conferencia Bracesco se refirió a la polémica relación entre el mate caliente y el cáncer de esófago. "No es el mate. Es el mate hirviendo, como la sopa hirviendo o el café con leche hirviendo", dijo el galeno al defender la popular infusión.





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Está bueno q se investigue el mate... pero con sentido común. No habrían dudas que somos el pais que consume mayor cantidad de mate per capita en el mundo. Pero donde no hay dudas, es q somos la sociedad con mayor incidencia de cancer en el mundo.
carlosuruguayo@live.com - 07/05/2011 - 07:53 (#0)

AdsBot - 07-05-2011 - 08:52 (#1)

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LA REPUBLICA

viernes, 5 de noviembre de 2010

mate,origen del nombre

Origen de la palabra mate-J.Ricca
De: Rubens Stagno Ver contacto
Para: redpatrimoniopaysandu@todoserver.net
De: Javier Ricca [mailto:yerbamate@adinet.com.uy]
Enviado el: miércoles, 03 de noviembre de 2010 03:57 p.m.
Para: Rubens Stagno
Asunto: Origen de la palabra mate



Estimados amigos de la red, comparto con ustedes mi último artículo que salió publicado en la Revista Relaciones de Montevideo.

Abrazos

Javier Ricca



ORIGEN DE LA PALABRA MATE



Al intentar develar la razón por la cual al sur del continente se afianzó, en la cultura popular, la palabra mate para designar al fruto de la Lagenaria (calabaza), surgen varias interrogantes.

La primera de ellas es por qué, si heredamos de la cultura guaraní todos los componentes de esta infusión, no hemos adquirido también su denominación.

Una declaración que se ha ensayado de forma unánime para dar una respuesta a esta interrogante es que al existir en el Virreinato del Perú dos designaciones para un mismo fruto, los españoles, estribados en la dificultad para pronunciar palabras nativas agudas como la voz guaraní caiguá, adoptaron la voz quichua mate, palabra grave, que es más fácil de pronunciar y, por ende, de recordar por parte de los hispano parlantes.

Este argumento cae por su propio peso ya que en nuestra lengua fluye naturalmente la nomenclatura guaraní, presente, con sus complejos vocablos aglutinados, en centenas de ríos, arroyos y cuchillas, así como en la fauna y la flora de nuestra región.

Por otra parte, resulta sorprendente cómo culturas tan distantes, a la hora de denominar al fruto de la Lagenaria, han atendido a su característica de recipiente o vasija para tomar agua.

Así los árabes lo llamaron calabaza, los guaraníes ca’iguá, y los aztecas tecomatl o tecomate.

El origen de voz calabaza proviene del árabe:

Quirabat; qirb, (recipiente) + qárab (ir en busca de agua).

Es decir, recipiente para el agua.



El origen de la voz ca’aiguá proviene del avañe’e:

Ca’á (yerba) + i (agua) + guá (de la).

Es decir, recipiente para el agua de la yerba.



El origen de la voz tecomate proviene del náhuatl:

Tecomatl; te (cosa sólida) + comitl (recipiente), + alt (agua).

Es decir, recipiente para el agua.



Lo cierto es que a lo largo de toda América, a las calabazas se las denominó con más de un centenar de voces, muy pocas de las cuales fueron sometidas al lento reconocimiento que han tenido en general los americanismos en nuestra academia peninsular. Así, recién en 1817 fue incorporada la voz jícara al Diccionario de Autoridades, en 1884 ingresó poro y, recién en 1927, tecomate.

Pero en relación a la denominación mate, quiso la fortuna que la combinación Ma, terminara siendo redactada por Diego de Villegas y Quevedo Saavedra (†1751), presbítero peruano que incorporó o rectificó numerosas referencias de vocablos de las Indias como ser macana, maguey, maíz, mamujar, mazamorra y mate, razón por la cual esta última voz fue incluida en el Diccionario de Academia Autoridades, en 1734.

¿Podría ser la voz mate una aféresis del término tecomate?

Traemos a la memoria que si bien la lengua náhuatl, históricamente ha sido una lengua viva de la meseta de Anáhuac-México, la misma ha dejado profundas huellas en la nomenclatura de todo el sur del continente, en palabras como chile, cacao, chocolate, canica, cometa, coco, cochino, chueco, chiquito, chile, coyote, chicle, caucho, galpón, hule, huracán, jícara, mosquito, mapache, macana, petaca, peyote, soga, tocayo, tonto, tiza, zoquete…

Esta contribución de los nahuatlismos al léxico americano se constata antes del período prehispánico. Claro está que, en todos los tiempos, los dialectos geográficos han sido penetrados por los dialectos socioculturales, pero las lenguas americanas serían realmente mixturadas con el arribo a Tierra Firme de los primeros navegantes. Estos, al desembarcar en La Española (Santo Domingo), se encontraron en un mundo ajeno, viéndose obligados a tomar en préstamo palabras que denominaban nuevas cosas, en especial todo lo vinculado a la gastronomía, la fauna y la flora… ausente en el Reino de Castilla.

Estas nuevas voces o indigenismos se fueron mixturando en el léxico cotidiano y, conforme la conquista avanzaba, el nuevo patrimonio lingüístico remplazó, en ocasiones, a los vocablos vernáculos.

Así cuando en 1519 se estableció el primer traslado desde las Antillas hasta México, muchos antillanismos terminaron prevaleciendo en tierra firme, entre otros: maíz, ají, cacique, barbacoa, yuca, tiburón.

Mixturados, confundidos, reducidos a apócopes, aféresis o sometidos a metonimias… los vocablos de Santo Domingo, Cuba y México comenzaron a rodar, tras la espada, hacia el sur del continente.

En 1555, en Perú, Agustín de Zárate testimonia que a los objetos los nombraban con los vocablos que de las tales cosas traían aprendidos, y esto se ha conservado de tal manera, que los mismos indios del Perú, cuando hablan con los cristianos, nombran estas cosas generales por los vocablos que han oído de ellos.

Una de estas palabras era la denominación castellanizada tecomate, la cual ya generaba confusiones por sus múltiples usos. En 1793, el Vocabulario Manual de la Lengua Castellana y Mexicana, bajo el subtítulo: Palabras que comúnmente se suelen decir nombrando diversas cosas, registra una veintena de vocablos, con su correspondiente traducción, una de ellas era:



Tecomatl – tecomate.



En este mar embravecido, los nahuatlismos han llegado hasta nuestros puertos por un puñado de palabras que han sobrevenido a un complejo y azaroso viaje, plagado de usos y desusos, en cada rincón de América. Este proceso tuvo una primera etapa signada por la imperiosa necesidad de comunicación, como ya lo hemos visto. La segunda fase –a diferencia de la anterior- fue planificada y surgió de la constatación hecha por los españoles de que la castellanización del polimorfismo lingüístico en América iba a ser extremadamente lenta, por lo cual, fracasados todos los primeros intentos por enseñar el español a los nativos, se acordó que era más veloz que el español aprendiera las lenguas indígenas. De este modo, la mayoría de los misioneros se instruyó en lo que se denominó “Lenguas Generales”, reduciéndose la multiplicidad de dialectos nativos, al chibcha, tupí-guaraní, quichua y náhuatl.

El náhuatl fue la primera lengua que se difundió fuera de las fronteras del imperio azteca por los hispanos, funcionando como lengua franca junto al latín y el español.

Antonio Quilis, en su libro la Lengua española (2002), sostiene que para 1854 el náhuatl se hablaba desde Zacatecas hasta Nicaragua: se dio así el caso paradójico de que bajo la dominación española alcanzara hasta el Noroeste argentino y también gran parte del Ecuador, Sur de Colombia y Alto Amazonas.

Volviendo la vista atrás, debemos tener presente que los cronistas escribían pensando que los iban a leer en España por lo que, a fin de simplificar, forzaban las palabras a todo tipo de perífrasis, metonimia o aféresis, tal es el caso de Xitomatl que cambió por tomate o tecomatl por mate.

En segundo lugar, tuvo una particular influencia en la diseminación de los nahuatlismos el hecho de que la primera imprenta fuese fundada en México (1530 o 1539). Tendrían que pasar cincuenta años (1584) para que en Perú se estableciera una imprenta y el idioma quichua comenzara a imprimir sus voces en América.

De los treinta y ocho libros que se publicaron durante este siglo, relativos a las lenguas amerindias, treinta están escritos en náhuatl.

Por esta razón Mendez Pidal nos señala que La ciudad de Méjico fue, naturalmente, guía soberana de la formación del lenguaje colonial más distinguido. Prodigio de asimilación cultural, único en la historia de las naciones coloniales…

Este proceso de hispanización tuvo resultados inesperados y paradójicos. Volviendo a la denominación xitomatl o tomate, y aun siendo un fruto originario del seno de la cultura quichua (Perú, Sur de Ecuador, Norte de Chile), la castellanización aplanadora impuso en toda América la denominación náhuatl. Una de las fuerzas que operó para tal difusión fue que el fruto se introdujo a Europa desde México, donde los libros de Aduana registraron, para cada variedad, tan solo la aféresis genérica tomate.

Lo cierto es que hoy en día, diversos diccionarios registran como palabra quichua, la voz tumati. Esta constatación contrasta con la afirmación de que los vocablos se integran a una lengua cuando los hablantes necesitan adoptar un término ausente en su léxico, es decir, que no tenga equivalente o sinónimo en su vocabulario. El tema es mucho más complejo y ya es hora que lo vayamos desbrozando.

Estrictamente a lo que concierne al fruto de la calabacera (Lagenaria-Mate), si observáramos la concordancia de cada término en la lengua náhuatl (idioma aglutinante) la terminación matl o mate, está siempre presente. Entre otros:

Atecomatl: Calabaza redonda, para beber agua.

Axixtecomatl: Vejiga, vaso de la orina

Cozticteocuitlatecomatl: Vaso de oro

Iyetecomatl: Pequeña calabaza rugosa

Tecomatl: Vasija de barro, taza, ollita.

Tecomatl: Árbol cuyo fruto es una especie de calabaza que servía de vasija.

Teotecomalt: Especie de taza en la que se bebía el cacao al final de la comida.

Xicaltecomatl: Calabaza, vasija que sirve para beber.

Amochicomatl: vaso de estaño.

Tzontecomatl: cabeza.

Pero y esto es llamativo, no sucede lo propio en la lengua quichua donde, cada uno de estos significados, tiene su propio término, que en ningún caso, incluye mate como parte del mismo.

En quichua lo que denominamos mate es puru u queru, según haga referencia al fruto o a un vaso, ambos términos es frecuente encontrarlos con diversas combinaciones de letras, entre otras, poro y quiro.

Por otro restante, el correspondiente quichua de la palabra calabaza sería çapallu o zapallo, lo que plantea como interrogante el porqué no utilizaban los quichuas este nominal genérico, a diferencia de otras lenguas.

Concluyendo, los académicos parecen coincidir que tecomate y porongo son de origen náhuatl y quichua respectivamente, lenguas que, como la mayoría de los dialectos de amerindias, son aglutinantes y polisintéticas.

En las dos palabras sus respectivos fonemas fácilmente pueden componer lexemas y morfemas con valor semántico, que guardan relación con cada cultura.

Esto claramente sucede en la lengua náhuatl donde matl forma parte de múltiples términos, como lo testimonia el listado no exhaustivo, citado en párrafos precedentes.

En cambio, si el morfema mati fuera quichua -con mucha imaginación- no pasaría de ser un monema dependiente con significado mínimo del lenguaje o, en su caso, una palabra primitiva. Si esa fuera la situación, en tanto estamos en presencia de una lengua aglutinante, dicha palabra debería encontrarse formando parte de otras, lo que no ocurre en el quichua y si claramente en el náhuatl, como viéramos antes.

Recordemos también que el quichua era una lengua oral, quienes la escribieron (hicieron lo que pudieron) eran europeos o nativos educados por occidentales, que querían lucirse escribiendo como se garabateaba en el viejo mundo, imitando la estructura y reglas gramaticales aprendidas a través de los jesuitas.

Un buen alumno fue, Felipe Guamán Poma de Ayala (†1644), nativo quichua, que al escribir en español la Primer Nueva coronica y buen gobierno, utiliza variadas inclusiones latinas, quichuas, aymará, lucanas, español-quechuizado (rropa), náhuatl (soga) y taíno (agí).

También observamos que utiliza varios sinónimos de la palabra mate: pucus, puto, quero, pero de forma llamativa a lo largo del libro no utiliza la palabra con la cual los quichuas están más identificados para nombrar a la calabaza, es decir, poro o porongo, cuando en infinidad de textos, estos términos son muy frecuentes.

Demás está decir que las voces que cayeron en suerte, se siguieron imprimiendo, reproduciéndose en círculos que las intentaban simplificar para que se pudieran entender en toda América. Esto generó todo tipo de trasvases genéricos. Se utilizaba indistintamente cualquier sinónimo, como lo demuestra este texto de Francisco de Ávila, recopilado en 1598:



…Y echando un buen golpe de chicha en un calabazo blanco y grande, al que los indios llaman putu, y llenándolo bien,.. le dijo que había hecho una cosa muy acertada en darle aquel mate de chicha…



Más allá de los sinónimos utilizados para nombrar al fruto de la lagenaria (calabazo, putu, mate), este párrafo nos permite apreciar, una pauta recurrente entre los primeros cronistas: la mixtura de la cultura europea y la indígena.

En primera instancia, para narrar el cosmos indígena el español utilizó sus propias palabras, es decir, indianizó su lenguaje.

Una vez incorporada una voz nativa al léxico castellano, ésta pasó a considerarse como propia, por lo que en un mismo párrafo como el previamente citado de Ávila, se podían leer voces de varias culturas.

Adviértase en tal sentido que el texto utiliza primero una voz de origen árabe: calabazo, la cual el autor, no siente necesidad de explicar porque está integrada al léxico cotidiano. Luego está el quechuismo, que requería, a juicio de Ávila, una explicación de su significado: aclara que los indios lo llaman putu. Es decir que el autor consideró que esta palaba era poco conocida a comienzos del siglo XVII.

Este tipo de indicaciones situaba a la voz putu como propia del mundo del otro, por ende ajeno al europeo y servía para diferenciarla de los préstamos que ya formaban parte del bilingüismo, es decir, que cuando los indigenismos ya se encontraban integrados morfológicamente se los empleaba sin disquisición alguna; habían dejado de ser del mundo del otro y pertenecían al “yo”.

Tal es el caso de la expresión mate de chicha, sobre la cual Ávila no siente la necesidad de explicar que es de origen nativo el consumo de maíz fermentado tomado en el fruto de la lagenaria. La razón es que en Perú ya se encontraba hispanizada.

Oriana Pardo y José Luis Pizarro en su libro La chicha en el Chile precolombino arrojan luz sobre esta expresión al referirse al origen del vocablo chicha: “los españoles en su avance y descubierta hacia el sur del continente difundieron la voz, desplazando los términos locales como el vocablo quichua azúa, en Perú, o las palabras mapuches mudai y pulcu en Chile…”

Ocho años más tarde El Inca Garcilaso de la Vega, educado como Ávila en Cuzco, inevitablemente narraría sus comentarios reales utilizando voces de toda la América colonizada por los españoles, aclarando cuando una denominación era utilizada por los indios del Perú.

Sus libros fueron citados desde el primer tomo de 1726 del Diccionario de Autoridades, razón por la cual al transcribir la siguiente estrofa, respetaremos con celo excesivo el texto original, así como el interesante contenido del paréntesis:



Las que los españoles llaman batatas, y los indios del Perú apichu… También hay las calabaças o melones que acá llaman calabaça romanas y en el Perú çapallu; críanse como melones; cómenlas cozidas o guizadas; crudas no se pueden comer. Calabaças de las que hacen vasos, las hay muchas y muy buenas; llamanlas mati; de las de comer, como las de España, no las havían antes de los españoles. Hay otras frutas que nacen debajo de la tierra, que los indios llaman ínchic y los españoles maní (todos los nombres que los españoles ponen a las frutas y legumbres del Perú son del lenguaje de las islas de Barlovento, que los han introducido ya en su lengua española, y por esso damos cuenta dellos)...



El lector atento recordará que tumati, ha sido considerado por algunos como una voz quichua, cuando en realidad no quedan dudas que es quechuizada de la voz náhuatl tomate. En el lenguaje predominante de los nativos peruanos, no existían las vocales e-o, por ello Garcilaso y muchos autores escribían las voces indígenas preferentemente con las vocales a-i-u, es decir: çapallu en lugar de zapallo y mati en lugar de mate. Esta fue una de las razones que operaron en los academistas españoles para desestimar en el Diccionario de Autoridades de 1734 la denominación utilizada por el Inca, mati. En su lugar incluyeron mate.

Tengamos presente que Agustín de Zárate, cincuenta años antes, ya testificaba que los españoles utilizaban los vocablos nativos aprendidos en las Antillas y Tierra Firme y que los mismos se habían conservado de tal manera que, cuando los indios del Perú, hablaban con los cristianos, nombraban estas cosas generales por los vocablos que habían oído de ellos. Por ejemplo mate escrito ya no solo en libros, sino en cientos de documentos de contenidos religiosos, litigios, cartas, composiciones literarias y testamentos, entre otros.

Soy consciente de que cada uno de estos párrafos podría ser refutado -si no fuese así, con un par de renglones hubiese alcanzado-, pero cada desarrollo es conceptualmente más sólido que el simple enunciado místico de que mate proviene del quichua mati. Por su parte la tesis de su origen náhuatl no fue una presunción intuitiva. He llegado a ella luego se superar muchas incertidumbres y luego de la lectura de una extensa bibliografía, complementada con un relevamiento de campo efectuado en tres Estados de México en 1998.

Publicado en el 2002 dentro del libro “El Mate- Los Secretos de la Infusión”, lo planteaba como una hipótesis a tener en cuenta. Hoy, luego de una paciente investigación, luego de re-evaluar y re-flexionar, tengo la íntima convicción que de este estudio puede constituir el cimiento sobre el que podrán apoyarse nuevas investigaciones, dado la alta complejidad que subyace al origen de esta palabra. Esto no es una competencia entre el quichua y el náhuatl, ambos corren por las lenguas de América, con el mismo grado de importancia, pero esta razón no sirve para argumentar que una palabra, sin más que más, posee su origen en una lengua determinada.

Como expresa Edgar Morin: tenemos que pensar circularmente que la sociedad hace el lenguaje que hace a la sociedad, que el hombre hace el lenguaje que hace al hombre, que el hombre habla el lenguaje que habla…

Las palabras y los giros nacen, se deterioran, mueren; las palabras extranjeras o las formulas de argot migran de una lengua a otra; toda lengua evoluciona de forma notable… la vida del lenguaje es evidente…

Explicar esta vida es complejo, pero a fines de 2010, nadie duda que la lengua sometida tiende a simplificarse. El período de pérdida del náhuatl se caracterizó por la simplificación de la transferencia y de la convergencia de sus voces, por lo que el proceso de mis reflexiones me inclinan a sostener que la palabra mate se ha derivado de un proceso semántico que parte desde el náhuatl y se estabilizó en el siglo XVI, como palabra franca, dándole el sentido de la infusión de yerba del Paraguay. Es decir, es un simple traslado metonímico efectuado en representación de especialidad. Si se quiere una aféresis transformada en metonimia al ser una identificación por contigüidad. El continente se transformó en contenido. Cuando decimos vamos a tomar mate, todos entendemos que vamos a tomar una infusión de yerba del Paraguay.

Lo cierto es que el lenguaje, bajo la lupa del etnocentrismo europeo, se ha reducido en cada comarca de América a un simple instrumento de transmisión con sus reglas gramaticales y sintéticas. Y que los vocablos son todo lo contrario. Al decir de Octavio Paz: las palabras se comportan como seres caprichosos y autónomos. Ellas fluyen por toda América como ríos subterráneos con una complejidad inaudita.

Por último quiero llamar la atención sobre el enorme parecido fonético y semántico que posee la aféresis de la palabra tecomate con mate y lo más importante y determinante es que poseen igual significado y respetan el contexto: lingüístico, geopolítico e histórico.


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