Centenario El filósofo de los medios electrónicos:
El mensaje de McLuhan en la era del tablet
Se cumplen cien años del nacimiento del autor que puso en nuestras bocas conceptos como "aldea global" o "edad de la información" y que cinceló para la posteridad eso de que "el medio es el mensaje". Famoso en su época, muchas de sus intuiciones describen realidades que ni siquiera alcanzó a experimentar.
Juan Ignacio Rodríguez Medina
ay pensadores que han tenido la buena y mala suerte de dar con una frase, una oración que condensa su pensamiento. Buena suerte porque lo hace impactante, accesible. Mala suerte porque reduce, fija a la gente en ellas y los hace obviar el resto de la obra e incluso malentenderla. Son verdaderos eslóganes que hacen célebres a sus autores. "Pienso, luego existo" (Descartes), "Dios ha muerto" (Nietzsche), "De lo que no se puede hablar hay que callar" (Wittgenstein), "La existencia precede a la esencia" (Sartre).
El mundo contemporáneo -entiéndase: el global, interconectado, veloz, instantáneo, masivo- tiene su propia celebridad intelectual: Marshall McLuhan y su eslogan "el medio es el mensaje". Lo lanzó en 1964 en "Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano", un libro que implantó en nuestra jerga conceptos como "aldea global" o "edad de la información". ¿A qué viene la referencia? Bueno, simplemente a que en 2011 se cumplen cien años del nacimiento del hombre que en la solapa de uno de sus libros es ungido como "profesor, profeta, poeta y provocador".
El hombre tribal
En un mundo adicto a internet y a las nuevas tecnologías de la información, donde el lugar de encuentro diario es Facebook o Twitter, donde uno puede pagar cuentas y comprar sin mirarle la cara a nadie, donde vemos guerras y revoluciones en vivo, donde tambalean las tradicionales industrias y tecnologías culturales (el disco y el libro, por ejemplo), donde un accidente minero se convierte en espectáculo de masas y sus protagonistas en celebridades. En ese mundo, ¿por qué interesa McLuhan? Porque escribió cosas como ésta: "El circuito eléctrico ha demolido el régimen de 'tiempo' y 'espacio', y vuelca sobre nosotros, al instante y continuamente, las preocupaciones de todos los otros hombres". Hoy puede parecernos evidente, pero en los años sesenta no tanto.
Y aún así cabe una aclaración. Eso de que "el medio es el mensaje" no se refiere sólo a los medios de comunicación de masas, sino a cualquier medio: la imprenta, el ferrocarril, la ampolleta, la rueda, la electricidad. Con esa oración, McLuhan enarbola una tesis que cuestiona la distinción entre medio y mensaje, entre forma y contenido; no, dice McLuhan, el medio es el contenido, la forma precede al contenido. Lo que nos informa -nos educa incluso- es el ferrocarril, la imprenta o el libro, el instrumento. Por eso afirma: "Modelamos nuestras herramientas y luego éstas nos modelan a nosotros"; "nos convertimos en lo que contemplamos".
Entendido eso, la cuestión para McLuhan es el mundo que inducen los medios electrónicos (televisión, avión, radio, computador, etcétera). El hombre anterior era el de la imprenta de Gutenberg, el "hombre tipográfico": "El alfabeto y la tecnología de la impresión han promovido y estimulado un proceso de fragmentación, un proceso de especialización y de separación". En contraste con eso, McLuhan visualiza que con la "interdependencia electrónica" emerge un mundo unificado y envolvente, ese que demuele el régimen de "tiempo y espacio", un mundo en el que todos podemos reunirnos en torno al mismo evento, como en las antiguas tribus, como en una aldea, pero global.
Metafísica pop
Lewis H. Lapham, en su introducción a "Comprender los medios de comunicación", explica que a los pocos meses de ser publicada, la obra logró estatus de "Escritura Sagrada e hizo de su autor el primer oráculo de su tiempo". Un papel, el de filósofo pop, que McLuhan aceptó y alimentó sin problemas.
El mismo Lapham recuerda que el New York Herald Tribune lo erigió como "el pensador más importante desde Newton, Darwin, Freud, Nietzsche, Einstein y Pavlov". Fue portada de Newsweek y Partisan Review. Llamó la atención de Tom Wolfe, Robert Raushenberg y Andy Warhol, entre otros. John Lennon y Yoko Ono visitaron su centro de estudios en la Universidad de Toronto. Hasta grabó un LP en 1968. Y cómo olvidar su participación en la película ganadora del Oscar, "Annie Hall", de Woody Allen: Alvy Singer (el personaje que interpreta Allen) está en una fila junto a Annie Hall (representada por Diane Keaton) para entrar al cine, cuando detrás comienza a oír a un intelectual -uno de esos muy graves y serios sabelotodo, engoladísimo- que dicta cátedra sobre Fellini y Beckett y que remata citando a McLuhan. Singer pierde la calma, mira a la cámara y reclama: "¡Qué sabe éste de Marshall McLuhan!". El intelectual oye, habla a la cámara también y lanza sus credenciales: imparte un curso sobre televisión y cultura en la Universidad de Columbia. Singer camina hacia un cartel, toma del brazo a alguien que se esconde detrás del mismo; es McLuhan en persona, quien se dirige al intelectual y le espeta: "He oído lo que decía. Usted no sabe nada de mi obra, en su boca mis ideas suenan a falacias". Fin de la discusión.
En un artículo de 1969, Theodore Boszak escribió sobre McLuhan: "Pescó un buen sector de la comunidad intelectual justo cuando iba jugando hacia lo camp y lo pop. Ahí van los carteles de Batman y Bogart a las paredes de todas las salas de Norteamérica y McLuhan a los estantes. La lata de sopa Campbell se convierte en objeto de arte y el espectáculo de Jack Parr en tema profundo de análisis filosófico. Si vamos a tener arte pop, ¿por qué no tener también metafísica pop?".
Católico a lo Chesterton
McLuhan nació en Edmonton, Canadá, el 21 de julio de 1911, y murió el 31 de diciembre de 1980. Entremedio estudió lengua y literatura inglesa, primero en su país y luego en Cambridge, donde se doctoró en 1942. Venía de una familia protestante, pero conoció la obra de Chesterton y se convirtió al catolicismo. Sí, uno de los gurús de los rebeldes años sesenta y setenta fue un devoto católico que leía la Biblia a diario y comparaba todas las noches diferentes traducciones de la misma, un católico que camino a almorzar se detenía a hacer sus oraciones en una iglesia y que eligió como epitafio una frase de San Juan: "La verdad nos hará libres".
Luego de su paso por Oxford, McLuhan deambuló por distintas universidades hasta asentarse en la de Toronto, donde hizo clases hasta su muerte. Allí conoció a Harold Innis, un economista cuyos estudios sobre los efectos que ejercen los medios de comunicación en las sociedades fueron decisivos para afincar a McLuhan en esa temática.
El trabajo de McLuhan ve su primera obra en "La galaxia Gutenberg. El nacimiento del hombre tipográfico", de 1962 ("la imprenta creó el individualismo y el nacionalismo en el siglo XVI"). Luego, en 1963, la Universidad de Toronto creó, para retener a McLuhan, el Centre for culture and Technology -hoy The McLuhan Program in Culture and Technology.
Tras publicar "Comprender los medios de comunicación" -su obra principal-, McLuhan se dedicó a volver sobre el punto y desarrollar sus implicancias en diversas obras como "El medio es el masaje" (una reformulación del eslogan original, en el sentido de que el mensaje moldea o masajea al usuario) o "Contraexplosión". En ellas agudiza el estilo aforístico que en parte explica su impacto popular. Cuatro botones de muestra: "Los medios son extensiones artificiales de la existencia sensorial"; "cuando este circuito aprende a cumplir su tarea, ¿qué piensa usted hacer?"; '"venga a mi oficina', le dijo la computadora al especialista"; "el libro es una prolongación del ojo... la ropa, una prolongación de la piel... el circuito eléctrico, una prolongación del sistema nervioso central".
Hay quienes vinculan su catolicismo con el perfil espiritualista, y a veces casi místico, que parece alcanzar su visión sobre los medios de comunicación electrónicos, incluso se llegó a ver en su obra un "misticismo científico", según recuerda Lapham. El propio Lapham escribe: "En sus momentos más trascendentes y optimistas, se deja llevar por un misticismo utópico basado en su lectura de G. K. Chesterton y en su conversión al catolicismo a los veintitantos años de edad... McLuhan cree también que la unificación de las redes electrónicas de comunicación podría devolver a la humanidad un estado de bienaventuranza no muy distinto del que se dice que existió en el Jardín del Edén".
Es cierto, McLuhan hablaba de "retribalización" y "desalfabetización", pero Robert Logan -quien trabajó seis años con él- descarta el nexo con la religión; de hecho, en un artículo cita a McLuhan, quien señala: "Soy un católico romano y la Iglesia católica romana está tan aturdida como lo estaba en la época de Gutenberg. ¡Aún más! Todavía buscan líneas y planos que ya no existen".
Twittero, no profeta
Más allá del personaje y su celebridad, ¿qué evaluación se puede hacer de las reflexiones de McLuhan? Carlos Scolari es profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y organizador de "Understanding Media, today" -un encuentro que se realizará el 23, 24 y 25 de mayo y que promete reunir en dicha ciudad a los principales expertos en la obra del canadiense- y contesta así dicha interrogante: "Nunca fue un futurólogo, siempre reflexionó sobre los procesos que veía a su alrededor y los confrontaba con procesos similares ocurridos en el pasado. Ahí está la riqueza de su visión: encuadró evolutivamente procesos contemporáneos como el surgimiento de un nuevo medio -la televisión- en los años '60. Ahora bien, yo creo que los medios masivos están perdiendo su centralidad en nuestra cultura. Inclusive algunos corren el riesgo de extinguirse a corto o mediano plazo. McLuhan fue un teórico de los medios masivos, pero hoy, ya en el siglo XXI, vemos cómo poco a poco esas formas de comunicación deben ceder espacio a los nuevos medios colaborativos y las redes sociales".
Es decir, un mundo con "audiencias fragmentadas" y "múltiples experiencias de comunicación" que matiza el legado teórico de McLuhan: "La 'aldea global' ha estallado en millones de actos de consumo individuales, en dispositivos diferentes y con contenidos diferentes", piensa Scolari, quien concluye: "McLuhan reflexionaba sobre un ecosistema diferente, pero su visión y forma de abordarlo siguen vigentes".
De todos modos, hay textos de McLuhan que se acercan mucho a una descripción del mundo actual, pero claro, no son profecías, sino proyecciones producto de un análisis de la realidad que observaba: "Estamos en condiciones de transferir todo el espectáculo a la memoria de un ordenador"; "el espectacular aumento de los niveles de información produce augures del desarrollo económico. Las transacciones comerciales tienden cada vez más al intercambio de conocimiento en lugar de mercancías".
Incluso, Robert Logan reconoce en Mcluhan proyecciones de lo que sería internet: "En su respuesta a la pregunta sobre 'cómo estaba afectando el computador a la educación', McLuhan dio una descripción casi exacta de internet: 'El computador en la educación está en un estado muy tentativo, pero básicamente representa un acceso acelerado a la información y cuando es aplicado al teléfono y a la Xerox [la fotocopiadora] permite acceder a las bibliotecas del mundo, casi inmediatamente, sin demora'".
¿Cómo viviría McLuhan hoy? Responde Scolari: "Hubiera sido una gran twittero con millones de 'followers': su capacidad para crear aforismos, frases breves contundentes y de carácter viral lo hubiera convertido en un personaje muy popular en las redes. La disolución de las divisiones tajantes entre ocio/trabajo o entre lo público/privado seguramente le hubieran interesado mucho. Esto me recuerda una de sus reflexiones: "observar al otro e invadir su privacidad se ha convertido en el principal negocio de la humanidad. Todos nos hemos vuelto porosos". Parece que hablara de Facebook, ¿no? Pero esto McLuhan lo dijo en 1977, siete años antes del nacimiento de Mark Zuckerberg".
En pantalla A la derecha, McLuhan y su aparición en "Annie Hall", de Woody Allen. También grabó un disco, "El medio es el masaje", como muestra la carátula de arriba.
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lunes, 4 de abril de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
LA CIVILIZACION DEL ESPECTACULO POR MARIO VARGAS LLOSA BABELIA EL OCASO DE LOS DIOSES
1 de 25 en Babelia anterior siguiente FRAGMENTO LITERARIO: ESPECIAL NÚMERO 1.000 / En Portada
La civilización del espectáculo
MARIO VARGAS LLOSA 22/01/2011
Vota Resultado 150 votos . .Espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, alma. El Nobel Mario Vargas Llosa se pregunta si estas palabras significan algo todavía. Con este texto inédito para nuestro número 1.000 -el prólogo de su próximo libro- responde al papel de la cultura hoy, define lo que ha bautizado como la "civilización del espectáculo" y desarrolla su Alegato de defensa de los valores eternos
Lima / Madrid 2010
Mario Vargas Llosa
A FONDO
Nacimiento: 28-03-1936Lugar:ArequipaLa noticia en otros webs
•webs en español
•en otros idiomas
En el pasado, la cultura fue a menudo una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad
"Las horas han perdido su reloj"
Vicente Huidobro
Este ensayo fue naciendo en los últimos años sin que yo me diera cuenta, a raíz de la incómoda sensación que solía asaltarme a veces visitando exposiciones, asistiendo a algunos espectáculos, viendo ciertas películas, obras de teatro o programas de televisión, o leyendo ciertos libros, revistas y periódicos, de que me estaban tomando el pelo y que no tenía cómo defenderme ante una arrolladora y sutil conspiración para hacerme sentir un inculto o un estúpido.
Este libro es mi alegato de defensa. Cuando comencé a escribirlo descubrí que llevaba tiempo tocando algunos de sus temas de manera fragmentaria en artículos y polémicas, y eso explica que cada capítulo tenga como colofón unos "antecedentes" que reproducen aquellos textos tal como fueron publicados (con la ocasional corrección de una errata o una falta de puntuación). Pero he utilizado también, en algunos capítulos, partes, a veces muy amplias, de ensayos y charlas, introduciendo en estos textos, allí sí, enmiendas importantes. Pese a todos esos collages creo que el libro es un ensayo orgánico que fui elaborando a lo largo de años aguijoneado por un tema inquietante y fascinante: cómo la cultura dentro de la que nos movemos se ha ido frivolizando y banalizando hasta convertirse en algunos casos en un pálido remedo de lo que nuestros padres y abuelos entendían por esa palabra. Me parece que tal transformación significa un deterioro que nos sume en una creciente confusión de la que podría resultar, a la corta o a la larga, un mundo sin valores estéticos, en el que las artes y las letras -las humanidades- habrían pasado a ser poco más que formas secundarias del entretenimiento, a la zaga del que proveen al gran público los grandes medios audiovisuales, y sin mayor influencia en la vida social. Ésta, resueltamente orientada por consideraciones pragmáticas, transcurriría entonces bajo la dirección absoluta de los especialistas y los técnicos, abocada esencialmente a la satisfacción de las necesidades materiales y animada por el espíritu de lucro, motor de la economía, valor supremo de la sociedad, medida exclusiva del fracaso y del éxito, y, por lo mismo, razón de ser de los destinos individuales.
Ésta no es una pesadilla orwelliana sino una realidad perfectamente posible a la que, insensiblemente, se han ido acercando las naciones más avanzadas y libres del planeta, las del Occidente democrático y liberal, a medida que los fundamentos de la cultura tradicional entraban en bancarrota, se iban desintegrando, y los iban sustituyendo unos embelecos que han ido alejando cada vez más del gran público las creaciones artísticas y literarias, las ideas filosóficas, los ideales cívicos, los valores y, en suma, toda aquella dimensión espiritual llamada antiguamente la cultura, que, aunque confinada principalmente en una elite, desbordaba en el pasado hacia el conjunto de la sociedad e influía en ella dándole un sentido a la vida y una razón de ser a la existencia que trascendía el mero bienestar material del ciudadano. Nunca hemos vivido como ahora en una época tan rica en conocimientos científicos y hallazgos tecnológicos ni mejor equipada para derrotar la enfermedad, la ignorancia y la pobreza y, sin embargo, acaso nunca hayamos estado tan desconcertados y extraviados respecto a ciertas cuestiones básicas como qué hacemos aquí en este astro sin luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que justifica la vida, si palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, alma, trascendencia, significan algo todavía, y, si la respuesta es positiva, qué es exactamente lo que hay en ellas y qué no. Antes, la razón de ser de la cultura era dar una respuesta a este género de preguntas, pero lo que hoy entendemos por cultura está exonerada por completo de semejante responsabilidad, ya que hemos ido haciendo de ella algo mucho más superficial y voluble, o una forma de diversión ligera para el gran público o un juego retórico, esotérico y oscurantista para grupúsculos vanidosos y de espaldas al conjunto de la sociedad.
La idea de progreso es engañosa. Quién, que no fuera un ciego o un fanático, podría negar que una época en la que los seres humanos pueden viajar a las estrellas, comunicarse al instante salvando todas las distancias gracias al Internet, clonar a los animales y a los humanos, fabricar armas capaces de volatilizar el planeta e ir destruyendo con nuestras prodigiosas invenciones industriales el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra que nos alimenta, ha alcanzado un desarrollo sin precedentes en la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, nunca ha estado menos segura la supervivencia de la especie por los riesgos de una confrontación atómica, la locura sanguinaria de los fanatismos religiosos y la erosión del medio ambiente, y acaso nunca haya habido, junto a las extraordinarias oportunidades y condiciones de vida de que gozan los privilegiados, el contraste de la pavorosa miseria y las atroces condiciones de vida que todavía padecen, en este mundo tan próspero, centenares de millones de seres humanos, y no sólo en el llamado Tercer Mundo, también en enclaves de horror y vergüenza en el seno mismo de las ciudades más opulentas del planeta.
En el pasado, la cultura tuvo siempre que ver con esos temas y fue a menudo el mejor llamado de atención ante semejantes problemas, una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad cruda y ruda de su tiempo. Ahora, más bien, lo que llamamos cultura es un mecanismo que permite ignorar los asuntos problemáticos, distraernos de lo que es serio, sumergirnos en un momentáneo "paraíso artificial", poco menos que el sucedáneo de una calada de marihuana o un jalón de coca, es decir, una pequeña vacación de irrealidad.
Todos estos son temas profundos y complejos que no caben en las pretensiones, mucho más limitadas, de este libro. Éste sólo quiere ser un testimonio personal, en el que aquellas cuestiones se refractan en la experiencia de alguien que, desde que descubrió, a través de los libros, la aventura espiritual, tuvo siempre por un modelo a aquellas personas cultas, que se movían con desenvoltura en el mundo de las ideas y que tenían más o menos claros unos valores estéticos que les permitían opinar con seguridad sobre lo que era bueno y malo, original o epígono, revolucionario o rutinario, en la literatura, las artes plásticas, la filosofía, la música. Muy consciente de las deficiencias de mi formación escolar y universitaria, durante toda mi vida he procurado suplir esos vacíos, estudiando, leyendo, visitando museos y galerías, yendo a bibliotecas, conferencias y conciertos. No había en ello sacrificio alguno. Más bien, el inmenso placer de ir, poco a poco, descubriendo que se ensanchaba mi horizonte intelectual, que entender a Nietzsche o a Popper, leer a Homero, descifrar el Ulises de Joyce, gustar la poesía de Góngora, de Baudelaire, de T. S. Eliot, explorar el universo de Goya, de Rembrandt, de Picasso, de Mozart, de Mahler, de Bartók, de Chéjov, de O'Neil, de Ibsen, de Brecht, enriquecía extraordinariamente mi fantasía, mis apetitos y mi sensibilidad.
Hasta que, de pronto, empecé a sentir que muchos artistas, pensadores y escritores contemporáneos me estaban tomando el pelo. Y que no era un hecho aislado, casual y transitivo, sino un verdadero proceso del que parecían cómplices, además de ciertos creadores, sus críticos, editores, galeristas, productores, y un público de papanatas inconscientes a los que aquellos manipulaban a su gusto, haciéndoles tragar gato por liebre, por razones crematísticas a veces y a veces por pura frivolidad.
Quiero dejar sentada mi protesta, por lo que pueda valer, que, lo sé, no será mucho. Hay demasiados intereses de por medio, helás. Probablemente, el fenómeno que este ensayo describe en unos cuantos apuntes no tenga remedio, porque forma ya parte de una manera de ser, de vivir, de fantasear y de creer de nuestra época, y que lo que este libro añora sea polvo y ceniza sin resurrección posible. Pero podría ser, también, ya que nada se está quieto en el mundo en que vivimos, que ese fenómeno, la civilización del espectáculo, perezca sin pena ni gloria, por obra de su propia inanidad y nadería, y que otro lo reemplace, acaso mejor, acaso peor, en la sociedad del porvenir. Confieso que tengo poca curiosidad por el futuro, en el que, tal como van las cosas, tiendo a descreer. En cambio, me interesa mucho el pasado, y muchísimo el presente, que sería incomprensible sin aquél. En este presente hay innumerables cosas mejores que las que vieron nuestros ancestros, desde luego: menos dictaduras, más democracias, una libertad que alcanza a más países y personas que nunca antes, una prosperidad y una educación que llegan a muchas más gentes que antaño y unas oportunidades para un gran número de seres humanos que jamás existieron antes, salvo para ínfimas minorías.
Pero, en un campo específico, aunque de fronteras volátiles, el de la cultura, creo que hemos retrocedido, sin advertirlo ni quererlo, por culpa fundamentalmente de los países más cultos, los de la vanguardia del desarrollo, los que marcan las pautas y las metas que poco a poco van contagiando a los que vienen detrás. Y asimismo creo que una de las consecuencias que podría tener la corrupción de la vida cultural por obra de la frivolidad, podría ser que aquellos gigantes, a la larga, revelaran tener unos pies de barro y perdieran su protagonismo y poder, por haber derrochado con tanta ligereza el arma secreta que hizo de ellos lo que han llegado a ser, esa delicada materia que da sentido, contenido y un orden a lo que llamamos civilización.
Juan Dolio, diciembre de 2010.
Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936, premio Nobel de Literatura 2010) ha publicado El sueño del celta (Alfaguara) y prepara La civilización del espectáculo. www.mvargasllosa.com
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Personaje: Mario Vargas Llosa
Fotografía: Portada del Número 1.000 de Babelia
Fotografía: Una escena de la ópera El ocaso de los dioses, de Richard Wagner, con escenografía de La Fura dels Baus,
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La civilización del espectáculo
MARIO VARGAS LLOSA 22/01/2011
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En el pasado, la cultura fue a menudo una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad
"Las horas han perdido su reloj"
Vicente Huidobro
Este ensayo fue naciendo en los últimos años sin que yo me diera cuenta, a raíz de la incómoda sensación que solía asaltarme a veces visitando exposiciones, asistiendo a algunos espectáculos, viendo ciertas películas, obras de teatro o programas de televisión, o leyendo ciertos libros, revistas y periódicos, de que me estaban tomando el pelo y que no tenía cómo defenderme ante una arrolladora y sutil conspiración para hacerme sentir un inculto o un estúpido.
Este libro es mi alegato de defensa. Cuando comencé a escribirlo descubrí que llevaba tiempo tocando algunos de sus temas de manera fragmentaria en artículos y polémicas, y eso explica que cada capítulo tenga como colofón unos "antecedentes" que reproducen aquellos textos tal como fueron publicados (con la ocasional corrección de una errata o una falta de puntuación). Pero he utilizado también, en algunos capítulos, partes, a veces muy amplias, de ensayos y charlas, introduciendo en estos textos, allí sí, enmiendas importantes. Pese a todos esos collages creo que el libro es un ensayo orgánico que fui elaborando a lo largo de años aguijoneado por un tema inquietante y fascinante: cómo la cultura dentro de la que nos movemos se ha ido frivolizando y banalizando hasta convertirse en algunos casos en un pálido remedo de lo que nuestros padres y abuelos entendían por esa palabra. Me parece que tal transformación significa un deterioro que nos sume en una creciente confusión de la que podría resultar, a la corta o a la larga, un mundo sin valores estéticos, en el que las artes y las letras -las humanidades- habrían pasado a ser poco más que formas secundarias del entretenimiento, a la zaga del que proveen al gran público los grandes medios audiovisuales, y sin mayor influencia en la vida social. Ésta, resueltamente orientada por consideraciones pragmáticas, transcurriría entonces bajo la dirección absoluta de los especialistas y los técnicos, abocada esencialmente a la satisfacción de las necesidades materiales y animada por el espíritu de lucro, motor de la economía, valor supremo de la sociedad, medida exclusiva del fracaso y del éxito, y, por lo mismo, razón de ser de los destinos individuales.
Ésta no es una pesadilla orwelliana sino una realidad perfectamente posible a la que, insensiblemente, se han ido acercando las naciones más avanzadas y libres del planeta, las del Occidente democrático y liberal, a medida que los fundamentos de la cultura tradicional entraban en bancarrota, se iban desintegrando, y los iban sustituyendo unos embelecos que han ido alejando cada vez más del gran público las creaciones artísticas y literarias, las ideas filosóficas, los ideales cívicos, los valores y, en suma, toda aquella dimensión espiritual llamada antiguamente la cultura, que, aunque confinada principalmente en una elite, desbordaba en el pasado hacia el conjunto de la sociedad e influía en ella dándole un sentido a la vida y una razón de ser a la existencia que trascendía el mero bienestar material del ciudadano. Nunca hemos vivido como ahora en una época tan rica en conocimientos científicos y hallazgos tecnológicos ni mejor equipada para derrotar la enfermedad, la ignorancia y la pobreza y, sin embargo, acaso nunca hayamos estado tan desconcertados y extraviados respecto a ciertas cuestiones básicas como qué hacemos aquí en este astro sin luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que justifica la vida, si palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, alma, trascendencia, significan algo todavía, y, si la respuesta es positiva, qué es exactamente lo que hay en ellas y qué no. Antes, la razón de ser de la cultura era dar una respuesta a este género de preguntas, pero lo que hoy entendemos por cultura está exonerada por completo de semejante responsabilidad, ya que hemos ido haciendo de ella algo mucho más superficial y voluble, o una forma de diversión ligera para el gran público o un juego retórico, esotérico y oscurantista para grupúsculos vanidosos y de espaldas al conjunto de la sociedad.
La idea de progreso es engañosa. Quién, que no fuera un ciego o un fanático, podría negar que una época en la que los seres humanos pueden viajar a las estrellas, comunicarse al instante salvando todas las distancias gracias al Internet, clonar a los animales y a los humanos, fabricar armas capaces de volatilizar el planeta e ir destruyendo con nuestras prodigiosas invenciones industriales el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra que nos alimenta, ha alcanzado un desarrollo sin precedentes en la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, nunca ha estado menos segura la supervivencia de la especie por los riesgos de una confrontación atómica, la locura sanguinaria de los fanatismos religiosos y la erosión del medio ambiente, y acaso nunca haya habido, junto a las extraordinarias oportunidades y condiciones de vida de que gozan los privilegiados, el contraste de la pavorosa miseria y las atroces condiciones de vida que todavía padecen, en este mundo tan próspero, centenares de millones de seres humanos, y no sólo en el llamado Tercer Mundo, también en enclaves de horror y vergüenza en el seno mismo de las ciudades más opulentas del planeta.
En el pasado, la cultura tuvo siempre que ver con esos temas y fue a menudo el mejor llamado de atención ante semejantes problemas, una conciencia que impedía a las personas cultas dar la espalda a la realidad cruda y ruda de su tiempo. Ahora, más bien, lo que llamamos cultura es un mecanismo que permite ignorar los asuntos problemáticos, distraernos de lo que es serio, sumergirnos en un momentáneo "paraíso artificial", poco menos que el sucedáneo de una calada de marihuana o un jalón de coca, es decir, una pequeña vacación de irrealidad.
Todos estos son temas profundos y complejos que no caben en las pretensiones, mucho más limitadas, de este libro. Éste sólo quiere ser un testimonio personal, en el que aquellas cuestiones se refractan en la experiencia de alguien que, desde que descubrió, a través de los libros, la aventura espiritual, tuvo siempre por un modelo a aquellas personas cultas, que se movían con desenvoltura en el mundo de las ideas y que tenían más o menos claros unos valores estéticos que les permitían opinar con seguridad sobre lo que era bueno y malo, original o epígono, revolucionario o rutinario, en la literatura, las artes plásticas, la filosofía, la música. Muy consciente de las deficiencias de mi formación escolar y universitaria, durante toda mi vida he procurado suplir esos vacíos, estudiando, leyendo, visitando museos y galerías, yendo a bibliotecas, conferencias y conciertos. No había en ello sacrificio alguno. Más bien, el inmenso placer de ir, poco a poco, descubriendo que se ensanchaba mi horizonte intelectual, que entender a Nietzsche o a Popper, leer a Homero, descifrar el Ulises de Joyce, gustar la poesía de Góngora, de Baudelaire, de T. S. Eliot, explorar el universo de Goya, de Rembrandt, de Picasso, de Mozart, de Mahler, de Bartók, de Chéjov, de O'Neil, de Ibsen, de Brecht, enriquecía extraordinariamente mi fantasía, mis apetitos y mi sensibilidad.
Hasta que, de pronto, empecé a sentir que muchos artistas, pensadores y escritores contemporáneos me estaban tomando el pelo. Y que no era un hecho aislado, casual y transitivo, sino un verdadero proceso del que parecían cómplices, además de ciertos creadores, sus críticos, editores, galeristas, productores, y un público de papanatas inconscientes a los que aquellos manipulaban a su gusto, haciéndoles tragar gato por liebre, por razones crematísticas a veces y a veces por pura frivolidad.
Quiero dejar sentada mi protesta, por lo que pueda valer, que, lo sé, no será mucho. Hay demasiados intereses de por medio, helás. Probablemente, el fenómeno que este ensayo describe en unos cuantos apuntes no tenga remedio, porque forma ya parte de una manera de ser, de vivir, de fantasear y de creer de nuestra época, y que lo que este libro añora sea polvo y ceniza sin resurrección posible. Pero podría ser, también, ya que nada se está quieto en el mundo en que vivimos, que ese fenómeno, la civilización del espectáculo, perezca sin pena ni gloria, por obra de su propia inanidad y nadería, y que otro lo reemplace, acaso mejor, acaso peor, en la sociedad del porvenir. Confieso que tengo poca curiosidad por el futuro, en el que, tal como van las cosas, tiendo a descreer. En cambio, me interesa mucho el pasado, y muchísimo el presente, que sería incomprensible sin aquél. En este presente hay innumerables cosas mejores que las que vieron nuestros ancestros, desde luego: menos dictaduras, más democracias, una libertad que alcanza a más países y personas que nunca antes, una prosperidad y una educación que llegan a muchas más gentes que antaño y unas oportunidades para un gran número de seres humanos que jamás existieron antes, salvo para ínfimas minorías.
Pero, en un campo específico, aunque de fronteras volátiles, el de la cultura, creo que hemos retrocedido, sin advertirlo ni quererlo, por culpa fundamentalmente de los países más cultos, los de la vanguardia del desarrollo, los que marcan las pautas y las metas que poco a poco van contagiando a los que vienen detrás. Y asimismo creo que una de las consecuencias que podría tener la corrupción de la vida cultural por obra de la frivolidad, podría ser que aquellos gigantes, a la larga, revelaran tener unos pies de barro y perdieran su protagonismo y poder, por haber derrochado con tanta ligereza el arma secreta que hizo de ellos lo que han llegado a ser, esa delicada materia que da sentido, contenido y un orden a lo que llamamos civilización.
Juan Dolio, diciembre de 2010.
Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936, premio Nobel de Literatura 2010) ha publicado El sueño del celta (Alfaguara) y prepara La civilización del espectáculo. www.mvargasllosa.com
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Fotografía: Una escena de la ópera El ocaso de los dioses, de Richard Wagner, con escenografía de La Fura dels Baus,
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sábado, 20 de noviembre de 2010
LEY DE MEDIOS EN URUGUAY
19URUGUAY: NUEVA LEY DE MEDIOS DE COMUNICACION
publicado en Educacion, Cultura y Comunicaciones | 0 Comentarios
Hay una concentración de medios en pocas manos”, dijo al diario Ultimas Noticias el secretario general del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), Pablo Álvarez. Recordó que las ondas radioeléctricas son patrimonio de la humanidad y el Estado es el encargado de distribuirlas.
“Los privados se creen que les pertenecen. Es necesaria una ley de medios para distribuir las ondas”, enfatizó. Para el funcionario es necesario generar un debate social previo.
Tiempo atrás, el subsecretario de Industria, Minería y Energía, Edgardo Ortuño, justificó la iniciativa, al señalar que se debe reemplazar la “vieja y pobre ley vigente”, que fue dictada por la dictadura y revisada a comienzos del período democrático.
“El Uruguay necesita una ley moderna de radio y televisión para la convergencia digital que esté al servicio de la democracia, de la cultura, del desarrollo del país y de la gente, que en última instancia es la destinataria de los esfuerzos de comunicación”, señaló el jerarca.
Desde los canales privados se alegó que 10 años limita la libertad de expresión y nadie invierte por ese período, una idea originaria que se manejó en el Comité para limitar en el tiempo la administración de una onda.
A lo que Álvarez respondió: “Alguien seguro estaría dispuesto a hacerlo. Las empresas actuales tal vez no, como Estado estamos obligados a ofrecer las ondas a la libre competencia”. La ley de medios se requiere para “transparentar, democratizar y limitar los contenidos”.
En el último aspecto, Álvarez señaló que se debe hacer en cuanto al horario de protección al menor y para favorecer la producción de contenidos culturales nacionales.
El jerarca aclaró que “no es censura, aunque algunos lo entiendan así; igual estoy a favor de esto si implica fomentar la producción nacional, pero en ese caso, el Estado no le dice qué cosas debe seleccionar, sólo sobre su origen”.
Asimismo, esta condición favorecerá la producción nacional, destacó el jerarca ministerial.
“Las ondas son finitas y manejadas por el Estado, está bien poner condiciones”, concluyó.
En tal sentido, se manifestó a favor también de la ley de Protección de Contenidos Nacionales, que promueve la Dirección Nacional de Cultura del MEC y aún fue más lejos y se mostró partidario de discutir y elaborar una ley sobre el papel de los medios públicos.
Para analizar el proyecto se creó un Comité Técnico Consultivo, integrado por:
Gustavo Gómez, en representación de la Dirección de Telecomunicaciones.
Gabriel Kaplún, director de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, .
Edison Lanza, asesor legal de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).
Rafael Inchausti, presidente de la Asociación Nacional de Broadcasters Uruguayos (Andebu).
Juan Brañas, presidente de la Asociación de Radios del Interior.
Horacio Rodríguez, presidente de Cámara Uruguaya de Televisión para Abonados.
Paola Papa, coordinadora de la Licenciatura en Comunicación Social Universidad Católica.
Paula Baleado, coordinadora Agencia Voz y Vos.
José Imaz, integrante del colectivo de la radio comunitaria La Cotorra FM, que pertenece a la Asociación Mundial de Radios Comunitarias.
Gabriel Barandiarán, Causa Común.
Jorge Pan, del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur).
Lilián Celiberti, Cotidiano Mujer.
Diego Fernández, Asociación de Productores y Realizadores del Uruguay.
Héctor Tajam, Cámara Audiovisual del Uruguay.
Y un delegado por el Pit-Cnt.
Tiempo completo en todos los niveles educativos
“Se tendrían que considerar las herramientas Pisa y Serce (pruebas internacionales en lengua, ciencias y matemáticas) para evaluar la calidad de la educación pública y privada, allí estamos bien, pero en el último vagón del tren. Esto no es estar del todo bien, tal como dice Pepe” -el presidente de la República, José Mujica, expresó a Ultimas Noticias Pablo Álvarez, secretario general del MEC.
Uruguay tiene “una dispersión muy grande en sus resultados: tenemos varios bien y varios mal, eso habla de problemas en el diseño”.
El 70% de la población tiene como máxima escolaridad la educación primaria; más del 50% del quintil más rico tiene la educación superior. Los que están en la peor situación de vulnerabilidad no pueden avanzar hacia el nivel terciario.
“La educación sola no puede resolver esta situación.
La escuela es para resolver políticas educativas y no alimentarias o problemas de violencia. La solución pasa por mayor tiempo escolar para brindar una educación integral.
La modalidad de tiempo pedagógico debe ser para todos los niños, no solo para los de contexto crítico” (8 horas diarias), añadió.
Se debe ofrecer una “educación integral que permita formar para las exigencias laborales”.
En tal sentido, señaló que se corrige con grupos reducidos que permitan una relación interpersonal y en 2013 se fusionarán el Ciclo Básico de Secundaria con el de UTU, enriqueciendo la formación hacia el trabajo. “Esta será una de las grandes reformas educativas”, adelantó.
Manifestó que “no existen” diferencias entre la calidad educativa del sector público y privado, sino “en el origen de los estudiantes y su desigualdad económica y territorial”.
Destacó que los docentes son básicamente los mismos en los centros públicos que en los privados. Revalorizó la labor que cumplirá el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, en vías de creación, al igual que la Agencia de Promoción y Aseguramiento de la Calidad Educativa Terciaria (Apacet) en el diseño de los criterios de calidad y control.
Álvarez aclaró que la Apacet también evaluará a la Universidad de la República (Udelar) al igual que las universidades privadas.
“El proyecto de ley que crea la Apacet es necesario e incluye una buena normativa que evaluará a la Udelar”. Aunque destacó el papel “privilegiado que ocupa la Udelar en la educación terciaria” y añadió que el proyecto está en manos del Parlamento y cuentan con la libertad para mejorarlo, en atención a las críticas que realizaron las universidades privadas con respecto a la preponderancia de la Udelar.
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publicado en Educacion, Cultura y Comunicaciones | 0 Comentarios
Hay una concentración de medios en pocas manos”, dijo al diario Ultimas Noticias el secretario general del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), Pablo Álvarez. Recordó que las ondas radioeléctricas son patrimonio de la humanidad y el Estado es el encargado de distribuirlas.
“Los privados se creen que les pertenecen. Es necesaria una ley de medios para distribuir las ondas”, enfatizó. Para el funcionario es necesario generar un debate social previo.
Tiempo atrás, el subsecretario de Industria, Minería y Energía, Edgardo Ortuño, justificó la iniciativa, al señalar que se debe reemplazar la “vieja y pobre ley vigente”, que fue dictada por la dictadura y revisada a comienzos del período democrático.
“El Uruguay necesita una ley moderna de radio y televisión para la convergencia digital que esté al servicio de la democracia, de la cultura, del desarrollo del país y de la gente, que en última instancia es la destinataria de los esfuerzos de comunicación”, señaló el jerarca.
Desde los canales privados se alegó que 10 años limita la libertad de expresión y nadie invierte por ese período, una idea originaria que se manejó en el Comité para limitar en el tiempo la administración de una onda.
A lo que Álvarez respondió: “Alguien seguro estaría dispuesto a hacerlo. Las empresas actuales tal vez no, como Estado estamos obligados a ofrecer las ondas a la libre competencia”. La ley de medios se requiere para “transparentar, democratizar y limitar los contenidos”.
En el último aspecto, Álvarez señaló que se debe hacer en cuanto al horario de protección al menor y para favorecer la producción de contenidos culturales nacionales.
El jerarca aclaró que “no es censura, aunque algunos lo entiendan así; igual estoy a favor de esto si implica fomentar la producción nacional, pero en ese caso, el Estado no le dice qué cosas debe seleccionar, sólo sobre su origen”.
Asimismo, esta condición favorecerá la producción nacional, destacó el jerarca ministerial.
“Las ondas son finitas y manejadas por el Estado, está bien poner condiciones”, concluyó.
En tal sentido, se manifestó a favor también de la ley de Protección de Contenidos Nacionales, que promueve la Dirección Nacional de Cultura del MEC y aún fue más lejos y se mostró partidario de discutir y elaborar una ley sobre el papel de los medios públicos.
Para analizar el proyecto se creó un Comité Técnico Consultivo, integrado por:
Gustavo Gómez, en representación de la Dirección de Telecomunicaciones.
Gabriel Kaplún, director de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, .
Edison Lanza, asesor legal de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).
Rafael Inchausti, presidente de la Asociación Nacional de Broadcasters Uruguayos (Andebu).
Juan Brañas, presidente de la Asociación de Radios del Interior.
Horacio Rodríguez, presidente de Cámara Uruguaya de Televisión para Abonados.
Paola Papa, coordinadora de la Licenciatura en Comunicación Social Universidad Católica.
Paula Baleado, coordinadora Agencia Voz y Vos.
José Imaz, integrante del colectivo de la radio comunitaria La Cotorra FM, que pertenece a la Asociación Mundial de Radios Comunitarias.
Gabriel Barandiarán, Causa Común.
Jorge Pan, del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur).
Lilián Celiberti, Cotidiano Mujer.
Diego Fernández, Asociación de Productores y Realizadores del Uruguay.
Héctor Tajam, Cámara Audiovisual del Uruguay.
Y un delegado por el Pit-Cnt.
Tiempo completo en todos los niveles educativos
“Se tendrían que considerar las herramientas Pisa y Serce (pruebas internacionales en lengua, ciencias y matemáticas) para evaluar la calidad de la educación pública y privada, allí estamos bien, pero en el último vagón del tren. Esto no es estar del todo bien, tal como dice Pepe” -el presidente de la República, José Mujica, expresó a Ultimas Noticias Pablo Álvarez, secretario general del MEC.
Uruguay tiene “una dispersión muy grande en sus resultados: tenemos varios bien y varios mal, eso habla de problemas en el diseño”.
El 70% de la población tiene como máxima escolaridad la educación primaria; más del 50% del quintil más rico tiene la educación superior. Los que están en la peor situación de vulnerabilidad no pueden avanzar hacia el nivel terciario.
“La educación sola no puede resolver esta situación.
La escuela es para resolver políticas educativas y no alimentarias o problemas de violencia. La solución pasa por mayor tiempo escolar para brindar una educación integral.
La modalidad de tiempo pedagógico debe ser para todos los niños, no solo para los de contexto crítico” (8 horas diarias), añadió.
Se debe ofrecer una “educación integral que permita formar para las exigencias laborales”.
En tal sentido, señaló que se corrige con grupos reducidos que permitan una relación interpersonal y en 2013 se fusionarán el Ciclo Básico de Secundaria con el de UTU, enriqueciendo la formación hacia el trabajo. “Esta será una de las grandes reformas educativas”, adelantó.
Manifestó que “no existen” diferencias entre la calidad educativa del sector público y privado, sino “en el origen de los estudiantes y su desigualdad económica y territorial”.
Destacó que los docentes son básicamente los mismos en los centros públicos que en los privados. Revalorizó la labor que cumplirá el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, en vías de creación, al igual que la Agencia de Promoción y Aseguramiento de la Calidad Educativa Terciaria (Apacet) en el diseño de los criterios de calidad y control.
Álvarez aclaró que la Apacet también evaluará a la Universidad de la República (Udelar) al igual que las universidades privadas.
“El proyecto de ley que crea la Apacet es necesario e incluye una buena normativa que evaluará a la Udelar”. Aunque destacó el papel “privilegiado que ocupa la Udelar en la educación terciaria” y añadió que el proyecto está en manos del Parlamento y cuentan con la libertad para mejorarlo, en atención a las críticas que realizaron las universidades privadas con respecto a la preponderancia de la Udelar.
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viernes, 27 de noviembre de 2009
Television con favoritos ¿¿¿¿¿¿¿Teledoce,Canal 5,ley de Medios.
Television con favoritos ¿¿¿¿¿¿¿Teledoce,Canal 5,ley de Medios??????
La impresion que ha quedado en muchos blancos es que el canal Teledoce mostro cierto favoritismo por un candidato.Es una hipotesis.
En la Prensa informativa,principalmente,con algunas notas y reportajes ,y proyecciones seudo cientificas,o identificando a una locutora que acompañaba todos los viajes de la formula o en programas periodisticos determinados,incluso en Agenda un reportero que acompañaba a Aldo hacia preguntas enredadas.
Nos consta de la excelente profesionalidad de Aldo Silva y de Lessa.
Destacable cien por ciento han sido daniel castro y Fernando Villar de Canal 4.
En el canal oficial parecia que habia una gran preferencia de Buscadores por esa candidatura.
No estara Uruguay necesitando una Ley de Medios como Argentina???
Periodistas con formacion academica y plural.
La impresion que ha quedado en muchos blancos es que el canal Teledoce mostro cierto favoritismo por un candidato.Es una hipotesis.
En la Prensa informativa,principalmente,con algunas notas y reportajes ,y proyecciones seudo cientificas,o identificando a una locutora que acompañaba todos los viajes de la formula o en programas periodisticos determinados,incluso en Agenda un reportero que acompañaba a Aldo hacia preguntas enredadas.
Nos consta de la excelente profesionalidad de Aldo Silva y de Lessa.
Destacable cien por ciento han sido daniel castro y Fernando Villar de Canal 4.
En el canal oficial parecia que habia una gran preferencia de Buscadores por esa candidatura.
No estara Uruguay necesitando una Ley de Medios como Argentina???
Periodistas con formacion academica y plural.
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