martes, 26 de octubre de 2010

POEMA PRIMAVERA ....E INVIERNO

PRIMAVERA



Anda como a babuchas de este aire jubiloso.

Crece en la transparencia, se ilumina.

Descubre otro celeste, huele a distancia limpia.



Torna en revuelo y en jardín.

Endulza atardeceres, amanece en semillas.



Se mete por ventanas y en ojales.

Es una flor en un vaso en la oficina.

Viene brincando en llama de muchacha,

En rama de retoño y luz de polen.

Es abeja, gorriona, piel cachorra.

Revolotea, zumba, se enardece.



En brisas caudalosas atropella neblinas.

Invade los pulmones

y llega su respiración hasta los ojos

descendiendo colores.



Me toca, me acaricia, me subleva.

Y quiero enamorarme hasta las uñas.

Dejar que me arrebate, celebrarla.

Verla llegar cantando, acariciarla

y que me abrace

total, inapelable, tibia, fresca.

Que llegue desde mí.

Y que todos, con élla, me acompañen.



Es antigua y es nueva.

Inevitable y cierta.

Cósmica y muy recóndita

donde golpea la sangre.



Salúdenla conmigo.

Súmense a élla, ármense

de su fragante vendaval sonoro,

de su cascada de colores pájaros,

de su rocío enracimado en pétalos.



Es élla y llega. Es élla y le llegamos.

Para las próximas tormentas, la necesitaremos.

(Élla es la primavera…). Canten…Canten…

Cantémonos…Es élla.



Héctor Negro


Publicado por HECTOR NEGRO en 14:24 1 comentarios Enlaces a esta entrada sábado 31 de julio de 2010
INVIERNO


El viento helado arrastra cruelmente las hojas amarillentas y secas;

los papeles y los sueños desahuciados;

la pelusa invisible de la mañana;

las prisas, las fugas hacia la nada, los colores que intentan llegar a ser.

Pero más castiga, pega latigazos y tajea impunemente

en los rincones donde tiritan los desamparados;

en las hendijas de los refugios donde se marcan como cicatrices

esas insólitas ventanas deformes que abrieron imperceptiblemente

las maderas y las chapas en desencuentros fatídicos.

El viento se mete allí como serpientes en bandada

y dispara sus veloces pájaros pertrechados de cuchillos de frío.



Sólo un famélico humo languidece desde un hueco.

Los pobres, los desvalidos, también a su manera

sobreviven o van avizorando los umbrales de una agonía flaca.

El mundo sigue andando.
Héctor Negro


argentino
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