PRIMAVERA
Anda como a babuchas de este aire jubiloso.
Crece en la transparencia, se ilumina.
Descubre otro celeste, huele a distancia limpia.
Torna en revuelo y en jardín.
Endulza atardeceres, amanece en semillas.
Se mete por ventanas y en ojales.
Es una flor en un vaso en la oficina.
Viene brincando en llama de muchacha,
En rama de retoño y luz de polen.
Es abeja, gorriona, piel cachorra.
Revolotea, zumba, se enardece.
En brisas caudalosas atropella neblinas.
Invade los pulmones
y llega su respiración hasta los ojos
descendiendo colores.
Me toca, me acaricia, me subleva.
Y quiero enamorarme hasta las uñas.
Dejar que me arrebate, celebrarla.
Verla llegar cantando, acariciarla
y que me abrace
total, inapelable, tibia, fresca.
Que llegue desde mí.
Y que todos, con élla, me acompañen.
Es antigua y es nueva.
Inevitable y cierta.
Cósmica y muy recóndita
donde golpea la sangre.
Salúdenla conmigo.
Súmense a élla, ármense
de su fragante vendaval sonoro,
de su cascada de colores pájaros,
de su rocío enracimado en pétalos.
Es élla y llega. Es élla y le llegamos.
Para las próximas tormentas, la necesitaremos.
(Élla es la primavera…). Canten…Canten…
Cantémonos…Es élla.
Héctor Negro
Publicado por HECTOR NEGRO en 14:24 1 comentarios Enlaces a esta entrada sábado 31 de julio de 2010
INVIERNO
El viento helado arrastra cruelmente las hojas amarillentas y secas;
los papeles y los sueños desahuciados;
la pelusa invisible de la mañana;
las prisas, las fugas hacia la nada, los colores que intentan llegar a ser.
Pero más castiga, pega latigazos y tajea impunemente
en los rincones donde tiritan los desamparados;
en las hendijas de los refugios donde se marcan como cicatrices
esas insólitas ventanas deformes que abrieron imperceptiblemente
las maderas y las chapas en desencuentros fatídicos.
El viento se mete allí como serpientes en bandada
y dispara sus veloces pájaros pertrechados de cuchillos de frío.
Sólo un famélico humo languidece desde un hueco.
Los pobres, los desvalidos, también a su manera
sobreviven o van avizorando los umbrales de una agonía flaca.
El mundo sigue andando.
Héctor Negro
argentino
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